jueves, 28 de agosto de 2008

Emotiva Presentación del libro "Apenas una línea, roja"

Muy emotiva, cálida y feliz fue la presentación del libro "Apenas una línea, roja" de Isabel Krisch. Abrigada por su familia, sus amigos, sus colegas y el público que se acercó a la convocatoria, Isabel agradeció a todos los que contribuyeron para que el libro ya tenga vida propia, escuchó atentamente a los poetas Emilse Strucchi y Augusto Casola que se refirieron a su obra y su trayectoria, a la poeta Ana Guillot que -fuera de programa- también fue invitada a hablar del libro y por supuesto de Isabel, leyó sus poemas no sin emoción y alegría a la vez, y volvió a escuchar a sus hijas Victoria y Clara Canzani que entonaron las canciones "Barro tal vez", "Era en abril", "La cigarra" y un tema compuesto por ellas a partir de los versos de Isabel...
Fantástico cierre de la noche.
En esa noche emotiva y feliz, el director de Vela al Viento abrió la celebración con estas palabras:
"Buenas noches. En principio agradecerles a todos la presencia esta noche aquí en el Café Montserrat para acompañar a Isabel Krisch en la presentación de su libro, Apenas una línea, roja. Mi nombre es Rubén Gómez y soy el director de Vela al Viento, editorial de Comodoro Rivadavia, en la Patagonia Argentina, que tuvo el orgullo y el placer de publicar este título.
Cuando Isabel decidió editar el libro con Vela al Viento le hice saber que era para mí un orgullo que lo hiciera, no solamente por su trayectoria que es importante y que hay que refrendar y sostener cotidianamente, sino por su poesía, por la calidad de ella y su voz de particular estilo.
Cuando supe el título del poemario y sin haber leído aún su interior tuve una primera imagen, como esas que son las que suelen venir a la mente cuando alguna frase que se escucha por ahí, algún verso de bella alquimia o alguna misteriosa canción que uno vuelve a escuchar después de un tiempo y que lo traslada a otro lugar, en un viaje instantáneo hacia atrás, un salto hacia ayer.
Cierta vez una muy oscura noche me había llevado a la costanera de Río Grande, en Tierra del Fuego. El cielo parecía derramado y desvestido sobre el mar y ninguno de los dos, ni el cielo ni el mar podían descubrirse en ese negro tan patagónico, porque no había estrellas, ni reflejos o movimiento alguno que permitiera establecer el límite entre uno y otro. Hasta el viento parecía estar sentado al lado mío, en silencio y mirando. Todo era mar o todo era cielo. Hasta que sucedió: Rojo, muy rojo el sol empezó a escribir un nuevo día pero era tan cerrada esa noche, estaban cielo y mar tan pero tan juntos y tan oscuros que el sol solo se vio en el horizonte, pintando apenas una línea, roja y después subirse en naranjas y amarillos a las nubes que poco a poco tornaron sus negros al gris.
Quizás sea una ilusión óptica o la idea de que uno está en el fin del mapa, pero lo cierto es que en aquellas latitudes el horizonte parece estar más cerca, más a la mano. Pareciera que uno podría ir caminando hasta él.
Al leer el libro una y otra vez, tuve la sensación de que estaba frente a aquel paisaje dividido en las tres partes: cielo, mar y horizonte, aún en cada una de sus partes y en cada poema. Partes que, sin duda, son un mismo paisaje, una foto de ese momento de la vida de Isabel, Isabel en el cuerpo, Isabel en lo que más se quiere, Isabel en la dignidad.
En la gacetilla que enviamos por mail cité al poeta Raúl Gustavo Aguirre que escribió alguna vez: "La poesía actual representa y resume esa aventura, esa tragedia que consiste en buscar una respuesta satisfactoria, de fondo, una evidencia, un signo, una señal que coloquen al hombre de nuevo ante su humanidad. (…) Jamás fue tan urgente su necesidad de asir la existencia, de atrapar un rostro, una imagen, un destello del cosmos, la huella de un dios, el gesto de una esperanza."[1]
Con este texto es posible introducir el libro de Isabel Victoria Krisch, resumir con ellas su ars poetica y aprehender su estructura y contenido. Urge esa necesidad y con esa avidez de captura, Apenas una línea, roja, enhebra todos los puntos en una suerte de telaraña, en una red dispuesta para que la poesía no pueda escapar sino en aquellos espacios de fuga que también forman parte de esa telaraña, esa red.
No es posible salir indemne de este libro de poemas. No. Es imposible no teñirse de rojo. No es Apenas ni a penas. Es una sublime línea, íntegra, compacta, como una flecha en manos de una arquera experta. No es Apenas una flecha. Una flecha roja.
Se siente el peso inmediatamente.
Dice Isabel: es demasiado // algo sustancial / en el cuerpo se rompe.
Y es en el cuerpo donde comienza a sentirse lo que se quiebra y se teje, lo roto y lo asido, la red y la trampa.
También en lo que más se quiere, claro, en el espejo inmediato que nos devuelve lo que somos, todo eso que somos y que queremos de nosotros cuando queremos a otros.
Y por supuesto que en la dignidad, en las señales que los ciegos del reloj no ven, en los gritos desesperados que los sordos del ringtone no oyen, y alerta Isabel, sobre la huella de un dios y el gesto de una esperanza.
Todos hemos sido escritos. Nacemos como un papel de arroz y todos los días, algún sol, otra estrella, una lapicera, una navaja, una caricia, un corte, otra sonrisa, una lágrima, aquella voz, ese llamado, este abrazo, nuestras muertes chiquitas y nuestras pequeñas plenitudes se escriben como un nuevo signo, una letra, una palabra, hasta un verso.
Todos hemos sido escritos con la misma tinta. Apenas una línea, roja.
Muchas gracias, Isabel, por este libro y tu poesía."