martes, 8 de enero de 2008

Eso está ahí, en los poemas...

(Presentación del libro SIEGA de Rubén Eduardo Gómez, Café Literario del Centro Teatro de Comodoro Rivadavia, 09 de Septiembre de 2004)

Bogavante
Quiero antes que nada agradecerles la presencia en este horario y día tan extraños a un evento literario (jueves, 21 horas), que importa.
Importa toda aparición de un libro en la Patagonia. Es una celebración, una fiesta, un motivo de alegría. Y en este caso también celebramos el nacimiento de una editorial: Bogavante, de la que soy parte y tengo el orgullo de ser el primer autor local que es publicado, lo que convierte a esta reunión en doblemente feliz.
Bogavante es una suerte de cooperativa de trabajo surgida de las entrañas mismas de la Feria de la Palabra y que conformamos con Anahí Nahoe, Paz Garrido, Paulina Uviña y Marcos Maíz, al menos por ahora y que seguramente con el correr del tiempo seremos más.
Bogavante viene a cubrir lo que creemos hace falta en nuestra ciudad y quizás en la región: una editorial que encuentre las formas de que el autor dedique mas tiempo a escribir que a desencantarse siendo su propio publicista, repositor, vendedor, diseñador, cobrador, etc.
La idea es seguir publicando con periodicidad, buscar la forma de atraer a otros autores, sobre todo a los inéditos, a los jóvenes y crear un catálogo de títulos locales y regionales que nos permita delinear nuestra identidad o al menos dejar el registro de esta etapa en nuestra cultura.
No nos circunscribimos a textos literarios, sino que también buscaremos textos de investigación, ensayos, historia, periodismo, filosofía, sociología y más. Así es que buscamos que la comunidad comprenda nuestro trabajo y la idea inicial, y sobre todo que nos apoye adquiriendo los libros y proponiéndonos proyectos de edición.
Agradecimientos
Hoy es “Siega” mi tercer libro el que nos convoca. Y lo primero que debo hacer es agradecer a Sebastián Pinelli la disposición para con este evento, permitiendo que la presentación se haga aquí, en el Centro Teatro, en su Café Literario, tanto para el sábado, en el que por razones ajenas a nuestra voluntad no pudimos llevarlo a cabo, como para hoy.
También el desinteresado apoyo de FM Bizarra que nos brindo la posibilidad de editar el libro con su gestión y difusión, creyendo firmemente en este proyecto incipiente que representa Bogavante.
Tengo que agradecer al artista local Diego Ariel Gómez, mi hermano, el responsable de ese dibujo sensacional que hizo para la tapa del libro y que solo tuvo como referencia lo poco y casi nada que le conté, sin siquiera haber leído los textos.
A mi familia, toda mi familia, que está ahí siempre sosteniendo el sueño y que suelen tirar del hilo de plata para evitar que siga al viento, manteniéndome con un pie en la tierra.
Y a Andrés Cursaro, un poeta con todas las letras y cuya amistad me enorgullece, y que creí era la persona mas capacitada para hablar de este libro, puesto que es quien me vio dar mis primeros pasos en la poesía, con quien crecimos espalda con espalda, con quien compartimos lecturas y máquinas de escribir, proyectos y hombros.
Andrés es co-autor junto a quien les habla del poemario “El pecado de soñar” editado por Filofalsía en 1988 y de “Jirones de un desierto que oscurece” editado por Último Reino en 2002.
Los invito a escuchar a Andrés Cursaro, quien se referirá a Siega a modo de presentación.

Es algo muy especial para mí estar aquí, presentando el libro de mi amigo Rubén Gómez, de mi hermano Bencho.
Han pasado 14 años desde la aparición del último libro de Gómez. Aquel “Géiser” fue la puerta de un silencio poético en libro que se cierra hoy con esta presentación de “Siega”. Bienvenidos entonces, a esta fiesta, a esta manifestación de memoria y resistencia.
Hasta hoy Gómez mantuvo su obra en silencio. Durante 14 años su propia voz poética quedó callada. Pero Gómez, durante ese silencio propio, no dejó de mostrar su otra voz; de callara aullidos y abrir el camino para que se escuchen nuevas voces en Comodoro Rivadavia.
Entre “Géiser” – su último libro publicado en 1990 – y “Siega”, creó la ya mítica revista Bardo. Fue el poeta Gómez, en rol de editor, quien decidió, a fuerza de convicción, capricho y trabajo, acallar su propia voz y levantar el volumen de otras voces. Así, en esa revista fue posible, es posible encontrar trabajo de grandes poetas de la Argentina, de grandes poetas de la Patagonia y de grandes poetas de Comodoro.
También fue Gómez, dándole descanso a su propia voz, quien organizó a fuerza de capricho, convicción y trabajo, la Feria de la Palabra mostrando el otro lado de la cultura oficial, oficialista.
Hubo una el año pasado. Para ella llegaron trabajadores de la palabra de todo el país. Poetas como Irene Gruss, Marta Miranda y Majó Abeijón estuvieron allí. Y hubo otra este año, con la presencia de Daniel Chirom, Juan Carlos Moisés, Jorge Spíndola y el querido Raúl Mansilla, entre otros poetas y laburantes de la palabra llegados para compartir con nosotros, precisamente, sus palabras.
Un poeta no deja de ser poeta cuando calla. Un poeta no deja de ser poeta cuando lo callan. Un poeta no vive de la poesía. Pero si, un poeta vive la poesía. Y el resultado de esta pequeña o gran vida de Gómez está hoy entre nosotros. “Siega” llega para demostrar que Gómez, a pesar de su silencio público (elegido o impuesto), siguió construyendo una obra. Y la construyó como debe ser: en silencio, con caprichos, convicciones, trabajo y, sobre todo, talento.

No soy ni la sombra de un crítico.
No voy a decir, porque no pudo, porque no tengo como decirlo, si este libro de Gómez, pertenece a tal o cual corriente, si el tono que empleó es el adecuado, si el corte de os versos responde a determinadas estructuras. No voy a decir hasta “aquí estoy, hasta aquí aquello”: solo voy a decir que Gómez, en Siega, se ha desprendido de lo que sintió que le sobraba.
En estos poemas se muestra despojado, introspectivo; aparece como un buceador de sí mismo con la plena conciencia de lo que lo rodea; Gómez, en algunos poemas, se convierte en espejo y nosotros, si fuera posible, veríamos pensamientos, sensaciones, descripciones de lo que nos rodea y envuelve.
Gómez nos muestra, en las tres partes de este libro, tres maneras de revisarnos, de viajar hacia adentro, pero con la remera afuera, sacudida por la velocidad; como cuando vamos en un auto y abrimos el vidrio y flamean las mangas de la camiseta.
Una primera parte (Siega) netamente relacionada con el exterior, con el mundo que está allí afuera; la segunda parte (Papamán) vivencial, emotivamente relacionada con su padre, con su madre, sus hermanos; y la tercera (Huellas) donde abre la puerta de su otra casa y deja que veamos su vida diaria (la familia que él ha formado, sus hijos, amigos, trabajos y entreveros).
Y, sin embargo, no es Gómez el que ahí está. Mejor dicho: sí es Gómez, pero también puede ser cada uno de nosotros el que esté en ese libro, en esos poemas. Y esto – como dije antes – es lo que hace a Siega un libro que nos lleva a revisarnos, a viajar hacia adentro pero con las mangas de la camiseta flameando afuera.
Gómez nos presenta hoy esta obra: Siega.
Siega con ese, no con cé. Porque esta obra de Gómez no nos deja a oscuras, caminando a tientas entre la tierra y el viento. Al contrario, este libro nos abrirá los ojos para ver. Nos segará, nos cortará de raíz los prejuicios para, si queremos, veamos más allá de lo que nos rodea cotidianamente y subamos a un tren que nos depositará en nosotros mismos y tengamos plena conciencia de cómo nos paramos ante nuestro cercano o lejano, pequeño mundo.

Escuchen todo lo que puedan.
Escuchen un poco más.
Escuchen
Y escúchense.

Recomienda imperativo Gómez en uno de los poemas que integran Siega. Y remata:

¿lo oyen?
¿Pueden escuchar
el paso constante
ensordecedor
el paso
del tiempo?

Brindo por Siega, por Gómez, por el paso ensordecedor, el paso del tiempo. Quiero brindar CON mi hermano por este gran libro y por dejarnos viajar con él en nosotros. Salud.

Gracias, Muchas Gracias Andresitoquerido.

“Siega” es un edificio plagado de gente hablando
Hace muy poco tiempo pude leer una entrevista a Anahí Mallol, una poeta de La Plata. En ella dice que descree del género entrevista ya que “si un poeta tiene algo para decir, eso está ahí, en los poemas” (1)
Además, bien dice José Saramago: “No se pregunta, pues, al poeta que pensó o sintió, precisamente para no tener que decirlo escribe versos”.
Por eso es que yo no tengo mucho para decir en este momento y sí es que quisiera que todos leyeran este libro y todos los que vengan de aquí en mas. Pero me voy a permitir, sí, decir algunas palabras en torno a la poesía.
Mallol agrega que tampoco cree “que la última palabra la tenga el autor”, a lo que adhiero totalmente. Mi amigo, mi hermano Andrés Cursaro es una de las pocas personas que han tenido acceso a las diferentes caras que ha tenido este libro, esta “Siega” a lo largo de estos catorce años que pasaron entre mi segundo libro, “Géiser” y el que hoy presentamos aquí. Digo que ha tenido diferentes caras no solamente porque ha cambiado de título y de contenido, sino porque ha tenido períodos ultra barrocos, con excesos de adjetivos y todos los recursos posibles que brinda el lenguaje. Hube de abusar de ellos durante algunos años.
Ahora, si se pudieran comparar algunos poemas que tienen quizás más de catorce años en su primer esbozo, con la versión finalmente editada posiblemente nos demos cuenta de que el alma del poema está tanto en unos como en otros. Si ahora están mejor o peor que antes no puedo decirlo y seguramente ustedes tampoco porque solo conocerán esta versión, la que hoy presentamos.
Pero sí estoy seguro de que allí tampoco está dicha la última palabra, que habrá, como alguien dijo alguna vez, tantos “Siega” como ojos posados sobre él. Los poemas vuelven a escribirse después de cada lectura, cada lector rescribirá “Siega” y lo enriquecerá con sus propias imágenes, recuerdos, palabras, fotos y sentidos.
Allí la dificultad del lenguaje, que rara vez nos sirve para hacernos entender sino que la mayoría de las veces nos invita a averiguar. A medida que dominamos más palabras (o creemos hacerlo) nos damos cuenta de cuan dura es la tarea de comunicar o transmitir a través de la letra. Justo vengo a poner la palabra “través” cuando pensaba hablar de las voces. Voz es también palabra según el diccionario, y esto es realmente significativo.
“Siega” es un edificio plagado de gente hablando, voces distintas, y desde su título corta y enceguece a la vez, aclara y oscurece, empareja y destaca. A través de la letra, a través de la palabra, “Siega” tiene la pretensión de ser un libro de poemas que estimule las voces del lector, que movilice las múltiples palabras que parecen faltarle y que no supe encontrar.
Puede parecer un libro despojado, es cierto. La primera “Siega” fue mía, no hay tantos adjetivos como se suele encontrar en otro tipo de poesía, no hay puntuación excesiva ni siquiera hay mayúsculas. Ahora, la pregunta es: ¿hay poesía?
Y en tal caso ¿qué la generó y por qué?
Vuelvo a encontrar la respuesta en lo que dice Anahí Mallol, quizá con mejores palabras que las mías, dice: “No sé si puede hablarse de elementos generadores de la poesía, como si hubiese algo preexistente a eso que surge con forma de poema. Creo más vale que se trata de una cuestión de materias y materiales en movimiento, de fluidos, de ritmos, significaciones. La materia es, ya lo dijo Flaubert, el lenguaje, y a este respecto, un poema puede cristalizar a partir de una frase escuchada en el colectivo, intercambiada con una amiga o con un chico, leída en cualquier revista o periódico, oída en cualquier canción del pop o del rock, leída en el texto más canónico del canon occidental. Pero la frase o la palabra o el ritmo pueden aparecer también por sí solos, surgir de la quietud de un día de bochorno o de lluvia fina o de una sensación cualquiera: alguien que te mira al pasar, alguien que no te mira, un fotograma de la televisión o del diario, que se yo. Solo hay que estar atento.”
El lenguaje, su ambigüedad, su simbología, la convención que implica su utilización y los “ruidos”, las interferencias, el ir y volver por la historia y sus modificaciones, la coyuntura y la desunión, el paisaje que intentamos decir, ese que queremos que viaje y diga a través de la voz que le ponemos, es como tratar de hacer un doblaje en una película que tiene otro idioma, una traducción de un lenguaje que nos es familiar en nuestras palabras pero que tiene su propio decir, al punto que todos lo leemos distinto, ¿o acaso mi árbol, el árbol que aparece en mi mente cuando leo la palabra árbol es igual a la que tiene quien la escribió?
Por supuesto que no.
Un poema que integra este libro se llama “desobediencia” y dice:
“suenan
flautas
a contrapelo”
y si tuviera que elegir un “ars poética” creo que allí, en ese poema la encuentro y termina siendo materia en mis dedos.

Para finalizar la presentación del libro quisiera nuevamente agradecerles la presencia e invitarlos a escuchar algunos poemas de “Siega” envueltos en el regalo que nos da la buena música.
(Se escucha la grabación de poemas por el autor con música)


(1) (Vox Virtual N° 16, Noviembre de 2003, la entrevista a Anahí Mallol fue realizada por Noelia Froschauer como actividad del Taller de Oralidad y Escritura II, de la Universidad Nacional de Mar del Plata coordinado por Ana Porrúa)