sábado, 15 de septiembre de 2012

Sobre "Doctora Jekyll y Señora Hyde" de Nilda Barba

Un objeto poético es el material que Nilda Barba titula Doctora Jekyll y Señora Hyde”. Desde la textura del papel que invita a la caricia, los contrastes blanco-negro, los colores, la articulación gráfica y las fotos, los versos: todo confluye para que los sentidos se alerten y se dispongan a gustar, a leer esta obra.

Es tarea de la poesía trabajar sobre el silencio. Rebusca en lo insondable para rescatar la voz que diga, que nombre aquello que no se puede pronunciar. Para alcanzar la palabra obturada, Nilda recorre un camino de puntillas, lazos, ceremonias familiares. La poeta funda una escena de niñas, de boquitas y flores en rondas de plumetí y casas sobre árboles. Como páginas de un cuento sonorizado  con cajitas de música transcurren las páginas del poema relato. Pero nada es lo que parece y lo siniestro acecha a la infancia y la alcanza, construye “..andamios que no se sacan/sostienen el rictus”.
La palabra del padre se instala, habilita el silencio, hasta un día. Tanta orden, tanto mandato de obediencia y mudez -no se contesta, calladita la boca-sin chistar- no logran ocultar el crimen perfecto, ni impedir el deshielo, el alud de la palabra poética,liberadora.

Tona Taleti
Septiembre 2012


(...) Hay en el libro un juego de luces y sombras que excede lo anecdótico y muestra las múltiples dualidades que se enfrentan en uno mismo constantemente, las puertas blancas y negras a las que ni siquiera golpeamos y que tenemos que atravesar una y otra vez en las decisiones cotidianas y sucedáneas, toda vez que el libro -como si esto fuera poco- está plagado de imágenes poéticas y licencias que velan este juego para que muchos se queden con lo que les permite leer el ojo.
Para mi es un libro que invita a la excavación, a hurgar en uno mismo, a incurrir en el propio conocimiento y en permitirse el descartar la tierra que muchas veces tapa lo que somos y que nos permite sobrellevar una vida más o menos acorde a lo que la sociedad nos impone ser.
Es cierto que es un libro muy pero muy bello estéticamente, tal y como también lo es ¿por qué me gusta tanto? y que la temática que ronda a Horacio está allí, pero también está Queca allí y la casa y los mandatos y fuertemente la idea del hogar y lo que se muestra y se esconde arriba y abajo de la alfombra. (N. de R.: Horacio y Queca son los padres de Nilda Barba)
Hay poemas que son sobresalientes (como el que me hiciste relatar como si fuera un partido de fútbol o el canto de la casa) porque dicen por sobre el resto con un estilo desenfadado y lúdico, cosas muy profundas y sensibles a todos.
 
Rubén Eduardo Gómez
Septiembre de 2012