lunes, 13 de agosto de 2012

Presentación de "Arena de reloj"


Comparto con ustedes, las palabras de Rubén Eduardo Gómez en la presentación de Arena de reloj, segundo libro de Silvia Etchaide, en Puerto Madryn:

En principio, quiero agradecerles a todos la presencia hoy, acá, celebrando la publicación de este libro.

Quiero también, dar las gracias a Silvia, por este sitial de honor que es este, para presentarles el libro ARENA DE RELOJ y que quede en claro que estas palabras no son parte de un análisis literario ni nada por el estilo, sino que simplemente me permito hacer una lectura del libro y compartir lo que me pasó tras hacerla, con todos.


El reloj de arena es un instrumento mecánico que sirve para medir un determinado transcurso de tiempo, desde el momento en que la arena comienza a caer del receptáculo o bulbo superior al inferior, hasta que termina de hacerlo, y sólo requiere de la energía potencial de la gravedad para su funcionamiento. El período que mide un reloj de arena es fijo aunque con ligeras variaciones y hoy, prácticamente está en desuso.

Algunos afirman que los romanos los usaban durante la noche, o que también los pudo haber inventado un monje francés para medir los tiempos de meditación.

El reloj de arena posee valor simbólico porque es el instrumento que más visiblemente representa el fluir constante del tiempo. Un reloj de arena, con el bulbo superior casi lleno de arena, representa el inicio de la vida; con poco menos de la mitad de arena en el bulbo inferior, la edad adulta, y con poca arena el bulbo superior, la proximidad de la muerte.

En literatura, se utiliza como representación del paso del tiempo y su consecuencia: la muerte, símbolo a su vez de la fugacidad del tiempo y de la vida.

Quiero contarles que, cuando me llegó el original del libro estaba pensando (y todavía lo hago) en el tiempo, su paso, su huella, dónde nos damos cuenta de eso que nos pasa, nos atraviesa, en qué momento pasamos de contemplar el transcurrir del tiempo a ser, justamente arena de ese reloj.

Porque los relojes de arena no funcionan con cualquier arena, sino que los mismos utilizan arena muy fina que permite que pase de un bulbo a otro. Y es allí donde podemos ubicar el libro de Silvia.

Una arena muy fina que discurre con espacios, con aire, con su conformación casi vidriada y transparente, con los brillos propios y sus zonas oscuras. Esa arena fina que, inexorablemente pasa de un bulbo a otro, una y otra vez.

La arena del reloj sirve para medir el tiempo, pero bien podemos pensar que el tiempo pasa, se mide, se lo observa pasar, y la arena del reloj sigue allí, en uno u otro bulbo, o pasando. Pasaron 5, 7 o 10 minutos, y aún así y con esa certeza, la arena sigue allí, y allí entonces es donde se detiene Silvia a observar y a escribir.

Hay en el libro la mirada puesta sobre cada granito de arena que puede ser inasible como para la mano de la tapa, que parece incluso luchar contra el viento y contra lo inevitable.

Y esa mirada puesta allí convierte a cada granito de arena en un momento inolvidable, que tan solo puede ser apresado por las palabras para nombrar a cada uno y hacerlo particularmente único.

No es que no sea el tiempo lo que ha hecho que Silvia escriba sobre él, sino esa suerte de playa que lo habita, el alma del tiempo que se humedece, hierve, se seca y vuela de acuerdo a los giros de la vida y lo que ella está dispuesta a dar y lo que nosotros estamos dispuestos a recibir.

Es claro que al observar la arena se puede detener al tiempo y burlarlo, porque sabido es que es imposible que un beso pueda ser medido ni que los que se besaron sepan cuánto duró; sabido es que un abrazo puede ser eterno o durar varios días aún cuando los que se abrazaron estén a kilómetros de distancia; sabido es que cuando los amigos están juntos el tiempo pasa volando y que cuando hay que esperar el tiempo parece caminar sobre una mezcla de brea, lodo y arenas movedizas.

En cada granito de arena Silvia encuentra algo o a alguien que lo ha marcado, sí, pero aún cuando en algunos poemas sea claro ese mensaje es posible evadir el destinatario y habitarlo con nuestra propia vida.

Hay instinto, inspiración, desesperación, extrañamiento, revancha, memoria, coraje, ejemplo, sonrisas, colores, lo que conviene y lo que no con acentos, un perdón que tarda en llegar, una última hoja de laurel, adioses, cercanías, tardes, espectros, padres y madres, hijos que se fueron, hijos que están, amigos, y por supuesto amor de niños, reflejos de amor, y un Desencuentro que dice:

El centro de mi centro te necesita… a pesar. Hay un secreto contado / uno oculto / otro por llegar. / Hay un sueño cumplido / otro necesario / otro para seguir… / de a poco se aprende / se va más allá…

Hay un perdón que no se quiere ni a sí mismo, acobardado por el orgullo /. Hay un beso besado con pasión, que regocija al alma…/ hay un beso detrás de mi / persiguiéndome hasta el hartazgo. /

El centro de mi centro / la inspiración / tu mirada. / El silencio. / La pausa.



Y entonces encontramos el tiempo para un vos y yo, para un amor amado, triste, para hallar uno que no es un simple poema, y el dolor, siempre el dolor, los pequeños maestros de todos los días de Silvia, lo irresistible que despoja de miedos, un estribillo que enloquece, la casa de las tías, los pasos, la frustración, la cautela, la indecisión…

Y los poemas justos y necesarios – casi urgentes - para Carlos Nacher, Alberto Murillo, al Turco Jáider.

U otro poema, indispensable, como este que se llama Los libros de piano:

Detrás del aroma a viejo, el amor. / El destello de perder algo querido / y la bondad inmensa de soltarlo. / Tu vida está llena de emociones que superan a cualquiera / y vos seguís / a pesar… / a pesar… / a pesar… / Y ese amor… / ese amor que no puede descansar y recostarse para disfrutar.

Veo la luz en el horizonte y te encuentro / sonriendo / llena de felicidad merecida./ Una guerrera que sostiene su arco sin perder el amor…/ No es difícil darse cuenta / de que la vida de vez en cuando te sortea entre la caricia y la lágrima, / sucede todo el tiempo y ya aprendiste a secar tus lágrimas / con esfuerzo y con coraje.

Valiente esta Negra que levanta la vida a paladas.

Eran los libros de piano y me fui…/ ¡Claro que estarán en buenas manos!



Entonces este libro es una invitación a descubrir nuestra propia playa, llena de historias fantásticas y maravillosas, cuando todo parece mostrarnos lo mismo una mañana y otra y otra más, cuando todos parecen hablar de lo mismo viendo lo mismo en la televisión, o leyendo las mismas cosas al mismo momento, y cuando esas cosas parecen ser las más importantes, los signos del progreso o las señales del éxito.

Este libro se rebela a todo ello con las armas de su autora: su autenticidad, la voluntad, el coraje y el ojo inquieto que busca y escribe, porque lo asombroso, lo fascinante y lo importante está siempre en nuestras narices, ahí, en la arena de reloj.

Muchas gracias.