martes, 13 de marzo de 2012

A boca de pájaro, de Liliana Campazzo



VI.

En la boca el nombre la hija
chispazo de pájaro
pájaro ahora
mallín
alambrado
piedra
flores amarillas
bajo
guardaganado
pájaro
sombra sobre el cerro
en la boca el nombre de la hija
lento hace girar en su dedo
un anillo
chispazo de pájaro
molino.
Paso del Sapo
treinta y cinco kilómetros.



VII.

La hija y su nombre
traen a la tarde reminiscencias
de cielo
celina
cruza despacio en mi retina
se posa su nombre en mi boca
corre celina
atrás de un sueño
cada piedra en sus manos
se florece.



XI.

Nada para decir después de esto.
Cae el sueño como si la mismísima
noche me comiera.
Brutales las estrellas
chispazos
que no vuelan.


(prólogo)
No es un pájaro en especial el que presta su boca al grito que es este libro. No es una gaviota, un choique, una martineta, una avutarda, ni un gorrión. Es un pájaro que no es un pájaro en particular y sin embargo es todos los pájaros que hay.
Un libro-grito de viajes que pajarea y lo hace tanto "a boca de jarro" como a "vuelo de pájaro".
Digo grito de viajes porque la una se mueve y captura los lugares de los que es visitante y habitante a la vez. Los viajes hacia afuera y hacia adentro. El viento, el sol, las piedras, el polvo y los chispazos, vienen, se van, acompañan, suben y bajan de la boca del pájaro rutero. Su vuelo es rasante hasta tocar con el pecho el camino y también el no-camino. Esa "ruta de piedra y pozos / se parece a la vida / dura tosca".
Esa una de la que hablo, es la pájara que se sube al "forká" que cabalga para dejarse ir y siempre volver, con piedras para traer a la casa. Piedras como tesoros y fotos, como alimento y peso o contrapeso. Piedras que no pueden volar.
El destino no importa, sí la vuelta a la casa -la casa de la una no es cualquier casa-, sí el viaje, el movimiento de la una hacia donde se encuentra consigo misma. Una frente a una.
Y los chispazos de pájaro, los instantes felices de pura e insondable libertad. ¿Acaso la felicidad no es un chispazo de pájaro? ¿No es posible pensarla como la suma de esas instantáneas donde nos sentimos con las alas desplegadas y sostenidos por una inexplicable corriente de aire que libera nuestros pies del suelo?
¿No son, acaso, esos momentos en que los ojos capturan el vuelo de otros pájaros, en que los nuestros son también los de un pájaro?
Chispazos. Golpes de luz. Brillos enceguecedores y reveladores a la vez, de la libertad y la felicidad que alimentan lo vital.
De esto se trata el grito: la boca abierta de un pájaro que nos muestra un mapa sin destino, con rutas para llegar a los lugares que importan, aun con sus piedras.

La voz de Campazzo es insoslayable para las letras patagónicas. Su poética es original, fuerte, de exquisito cuidado con la palabra, sus significados y significantes.
Celebro este libro-grito con el orgullo de un lector que admira y disfruta de una de las mejores poetas de la región. Celebro con un chispazo en la boca.


 

Rubén Eduardo Gómez