martes, 25 de agosto de 2009

Lo que son las cosas - Segunda parte de lo que pasó

En la primera parte Rubén Gómez dijo:

Gracias a todos por estar aquí, hoy para la presentación de este libro. Es raro estar en dos lugares tan importantes para la obra y ser uno mismo el que tenga que ocuparlos. Quiero hablarles primero desde mi lugar de editor –irresponsable- de un libro propio.

Generalmente las editoriales son las que se ocupan de dar a luz a las obras de los escritores. Pero este libro en particular fue el generador de la editorial. Aquellos que tenemos más de una experiencia en materia de publicar libros hemos tenido que aprender un poco de todo, la forma de presentar el original, el diseño, el papel, la tapa, los colores de la tapa, el formato de la imagen, la tipografía interior, todos tecnicismos que muestran las variaciones existentes entre un libro y otro que, a veces, son como las que se ven entre la luna y el sol.
Y después la otra mitad: la presentación, la publicidad, la prensa, la distribución, las librerías, los porcentajes de las librerías, tuvimos que aprender a cobrar, en fin, una serie de cosas que, a simple vista, no tendrían que preocupar a un escritor, y sin embargo siguen siendo materia de preocupación y de ocupación.


LO QUE SON LAS COSAS todavía no se llamaba así en el 2006, tenía otro nombre, pero la mayoría de los poemas que integran hoy el libro estaban allí. Buscaba una editorial que me contuviera, una editorial en la que pudiera descansar, llevar el original y olvidarme del libro hasta que ya estuviera listo. No era un imposible ni nada por el estilo. Y no la encontré.
Lo más probable es que haya sido mi impericia en la búsqueda lo que no me lo permitió. Pero estos tropiezos, estos golpes contra muros indescifrables, crípticos y sólidos, esbozaron el camino sinuoso, de cornisa quizás, que transito con VELA AL VIENTO.
Un hermoso oficio el del editor. Disfruto mucho con la aparición de cada libro, me gusta entregarlo en mano cada vez que las distancias me lo permiten y poder ver los ojos del autor al descubrirlo. Trato de acompañar en cada presentación, que los nervios, la ansiedad y la emoción no se queden en uno. Los abrazos, las lágrimas, las voces cortadas, las lenguas secas y todo lo que no puede medirse, describirse, escribirse, sino simplemente disfrutarse.
Es inevitable pensar que hace 21 años presentaba mi primer libro “El pecado de soñar” en la vieja Escuela de Arte, ubicada en la zona del puerto de Comodoro Rivadavia y hoy demolida. 21 años es un montón de vida, ¿no?


Es inevitable caer en los lugares comunes a los que el amontonamiento de recuerdos nos lleva y trae de manera tan caprichosa como el viento.
Ahora, después de haber presentado cuatro libros antes de este, ¿Cómo se hace para presentar un libro propio sin dar demasiadas pistas o inducir la lectura de quien lo recibe?
Está la presentación formal: “Estimado público, amigos, colegas, lectores… les presento mi libro Lo que son las cosas…. Lo que son las cosas, libro mío te presento a tu público”, y entonces el escritor, debería dejar que las cosas pasen entre ellos, como una suerte de Celestino, para después asombrarme y decir: “Mirá lo que son las cosas”, ¿no?
Generalmente el escritor se vale de algunos artilugios para contribuir al misterio: invita a otro escritor a que hable del libro, invita a algún músico que entretenga y distraiga, invita a alguien con buena voz a leer poemas, entre otros.
Yo no invité a otro escritor. No invité a un escritor para que hable del libro. Invité a un gran poeta y a un querido amigo que sabe que puede decir lo que se le antoje de LO QUE SON LAS COSAS, porque este libro también es suyo. Porque si este libro es lo que es, lo es justamente porque han sido sus palabras las que han poblado mi mano.




Como operación delicada que es, los poetas
comienzan a roer la realidad con tal delicadeza
[e inocencia
que nadie, juraría, creería que eso es lo que
[sucede.
Se desmontan los mecanismos del pensamiento.
La orfebrería mental
se desvanece.
La realidad se aleja del corazón. Desaparece el
[placer.
(Otra manera de verlo:
el mundo se aleja de los hombres
porque el mundo los sobrepasa en inteligencia,
veut dire: la Tierra piensa.)
Se destruye la tapa de lo razonable: el cerebro
estalla.
Entonces la vuelta de tuerca,
el golpe de efecto,
retroceso para la ironía:
se ha ido,
se ha ido,
repite la voz: se ha ido
un hombre viejo que al enfrentar su vejez
decidió arrancar de la muerte
un argumento: la revelación de un misterio:
ver
lo que no existe.

El poema que acabo de leer se llama LA DESTRUCCION DE LA REALIDAD, del maestro y amigo Víctor Redondo.

1 comentario:

Mercedes Sáenz dijo...

Querido DT: (Cariñosamente Director Técnico, pues editar con Rubén es recibir los mejores consejos, aplicar las técnicas mejores, jugar un excelente partido y curiosamente desaparece el rival, gana siempre el corazón y la inteligencia puestas en la literatura)
Empiezo de vuelta, pues hubiera sido más fácil escribir querido Rubén y no hacer toda esa aclaración, pero es que aquí se presentan el escritor y el editor. Y yo no pude estar, estaba enferma. Carmen Bonnanatta me contó el placer que fue la presentación.
Quiero felicitarte querido DT. Fue creativa, bellísima y llena de amigos. Y principalmente, el libro es buenísimo.
Lo que son las cosas, Rubén, hubiera querido estar y cómo decis vos (aunque este no sea tu primer ni último libro)verte la expresión.
Un fuerte abrazo para vos y otro para Nil.
Merci