miércoles, 17 de septiembre de 2008

Emocionante presentación de "Cuatro paredes y un techo"

Una muy cálida acogida tuvo el segundo libro de Ernesto Allende, "Cuatro paredes y un techo". El auditorio de la Escuela de Arte de Comodoro estuvo completa en casi su totalidad. La gente del barrio, escritores, amigos y su familia se dieron cita allí para acompañar a Allende con su libro en una ceremonia descontracturada y donde abrí el acto con estas palabras:



"Buenas tardes. En principio agradecerles a todos la presencia esta tarde noche aquí en el Auditorio de la Escuela de Arte, para acompañar a Ernesto Allende en la presentación de su libro, “Cuatro paredes y un techo”. Mi nombre es Rubén Gómez y soy el director de Bogavante, editorial de Comodoro Rivadavia, que tuvo el orgullo y el placer de publicar este título.
Hay que decir que la Asociación de Poetas Argentinos (APOA) filial Chubut, se suma a este acto con su auspicio y el deseo de que la presentación del libro sea todo un éxito.
Tanto este libro como “Sueños y recuerdos”, el anterior poemario de Allende, llevan en el alma la historia, la vida, el latir del Barrio San Martín en cada uno de sus relatos o poemas. Es imposible separar a Ernesto de su barrio, y todo lo que ha hecho lo hizo desde y para el San Martín.
Es por eso que al pensar en la tapa del libro buscamos alguna imagen que simbolizara lo que significa el barrio para Ernesto y para mí. Ese muro de fondo nos da una idea aproximada de lo que fue y es el San Martín. Un muro construido desde abajo con piedras, distintas unas de otras, más pequeñas y más grandes, con aristas y desniveles. Un muro que los incluye a todos en la diversidad, en la diferencia, pero también en las similitudes, en la humildad, en los padecimientos. La construcción de un muro que bien podría semejarse a la construcción cotidiana de su gente, al trabajo tenaz, persistente, pese a la inferioridad de sus siempre precarias condiciones.
Así los vecinos, provenientes de lugares disímiles, con expectativas diferentes, con formas de comunicación distintas fueron construyendo el barrio, generando su propia fortaleza a partir de las carencias y postergaciones que los unieron como la mezcla entre las piedras. Las luchas sociales para el beneficio de todos les fueron dando firmeza y posibilidades de crecimiento.
Cuenta Ernesto que en el principio el San Martín era un valle de dunas, que imagino móviles y sin dar siempre la misma referencia. Cuenta Ernesto que un hombre de campo como el Tuerto Miroglio decidió establecerse allí por el año 1956, dando el real origen al San Martín, y con su boliche de campo también el lugar de los vicios. Cuenta que los camiones de la Municipalidad los trasladaron, al entonces niño Ernesto, a su familia y a centenares de precarios ranchos, desde la puerta del Cementerio Oeste hasta lo que es hoy el barrio que ama.
Su muro de piedras disímiles está expuesto en este libro. Todas las historias escritas con su voz, sin impostaciones, sin tratar de quedar bien con unos ni otros, sin pensar en la trascendencia literaria ni en hacer un trabajo de extrema rigurosidad histórica. Ernesto no es historiador. Rescata las historias que conoce, que vivió y le contaron a través de sus vecinos, por andar en las calles del barrio.
El caserío se le hizo familia bajo la piel y como todo lo que reside muy adentro a veces duele y lastima, como el incendio de la Biblioteca el año pasado, como los recuerdos por los enfrentamientos entre vecinos, como las pérdidas de amigos y vecinos en historias de curanderas, ignorancia y desidia. Como todo lo que nos habita muy adentro también nos alimenta, nos alegra y sana, como los hijos, como los logros compartidos y las sonrisas cómplices, los buenos gestos como la canilla pública de doña Isabel en plena sed.
Ernesto invita al viaje y este libro es un mapa de fotos y recuerdos, una brújula con el norte en su corazón. Se trata de un viaje hacia el pasado que revelará, con el tiempo y en el tiempo, el futuro de su gente, las claves de la identidad de esta comunidad de vecinos.
Será este libro también, la primera piedra del próximo muro, un muro hecho de historias que rescaten a los que no se ven, a los que construyeron y los que construyen diariamente, los que latieron y los que laten, un muro que nos proteja del viento blanco del olvido.
Muchas gracias, Ernesto, por este libro."

Tras estas palabras, Allende contó historias de su barrio publicadas en el libro y escuchamos al escritor Ignacio Stankewitsch quien leyó el prólogo que él mismo escribió.
Hubo un momento para la conversación con los vecinos, recordar los padecimientos y algunas anécdotas referidas a varios relatos incluidos en "Cuatro paredes y un techo", y con emoción algunos vecinos también leyeron textos e incitaron a Allende a continuar con su tarea.
Para finalizar el encuentro, Ignacio Stankewitsch y su banda "Alto Blues", compartieron con los asistentes cuatro temas y el autor y los vecinos se reunieron en torno a una mesa en un brindis que volvió a tocar la fibra íntima, esa tan emparentada con la emoción y la alegría.