martes, 15 de enero de 2008

Nilda Barba y Rubén Gómez con los presos de la Unidad 3 de Rosario

Una intensa luz entre las rejas Un grupo de poetas que participan del Festival Internacional de Poesía de Rosario, ingresaron esta semana a la Unidad de Detención Nº 3 para intercambiar palabras orales y escritas con los internos que desde 2001 participan del taller Historial de Soledades que coordina Susana Valenti. Por Edgardo Pérez Castillo (para Página/12 digital)

Cuatro son las puertas que, custodiadas por sus respectivos guardias, hay que franquear para ingresar a uno de los patios centrales de la Unidad de Detención Nº 3 de Rosario. Y si bien los guardiacárceles parecen estar habituados a la circulación del lugar, la mañana del jueves seguramente les habrá resultado más agitada de lo habitual, a partir de la llegada del contingente de poetas que se acercó para intercambiar palabras (escritas y orales) con los internos que participan del taller Historial de Soledades, proyecto que desde mayo de 2001 coordina Susana Valenti y que les permite descubrir en la poesía un "rincón luminoso donde nadie puede hallarnos".
Escrita prolijamente en el pizarrón ubicado al fondo de una amplia sala adecuada para la ocasión (según el evidente testimonio de sus amplias paredes de un blanco renovado, y de su única ventana elevándose con sus vidrios antes inexistentes), la frase se ofrecía como bienvenida a ese grupo de vates que, a partir de su participación en el Festival Internacional de Poesía de Rosario, decidieron formar parte de un encuentro con esos hombres que, privados de la libertad, descubren en las letras un medio desde el cual convertir los sueños en versos, en una vía para exorcizar sus soledades, su pasado y presente.
Lejos de transformarse en una exhibición de especies extrañas -el recluso por un lado, los poetas y su diversidad cultural por el otro-, la reunión se vio atravesada por un carácter general de camaradería y respeto en el que todas las voces tuvieron su lugar. Porque luego de un recibimiento de los internos que conmovió con su aplauso sincero (y que se correspondió, a su vez, con el de los invitados), Valenti ofreció una breve introducción que dio paso a la lectura de poemas.
"No siempre estos lugares concitan el interés de los poetas, hay gente reticente, temerosa, pero lo interesante es venir acá a darse cuenta de lo que es esta población, que es muy rica. Como poeta, en este momento de mi vida me ha marcado para siempre. Disfruto de este espacio, que no es fácil, pero es un espacio de resistencia y de libertad", apuntó la coordinadora, responsable de haber impulsado la edición de tres antologías que contienen las obras de los internos que participan del taller: Entre la oscuridad y la valentía, Condición circular -"A esta cárcel le dicen La Redonda. Y siempre decimos que el interno tiene un camino circular, va al gimnasio, a los talleres y después vuelve a su celda, es muy reducido su camino", explicó Valenti- y A centímetros del día -"Porque esta cárcel está prácticamente en el centro, a centímetros del día, la calle, donde pasa la multitud, pasan los otros", detalló-.
Fue entonces el momento de las palabras escritas, que se corporizaron en ese conjunto de voces heterogéneas, que se hicieron palpables en los acentos, las tonadas, en la timidez de los internos que, aunque conscientes del valor de los invitados, no se privaron de la posibilidad de exponer sus propias creaciones. El primer turno, sin embargo, fue para los invitados, y así pasaron el tucumano Javier Foguet con su poema del arúspice, el bonaerense Eduardo Mileo con el "San Cayetano" incluido en su libro Poemas del Sin Trabajo, la venezolana María Antonieta Flores, el sanjuanino José Campus, las porteñas Nilda Barba, Mora Torres y Teresa Arijón, el uruguayo Jorge Arbeleche y su cálida oda a un añorado guiso de la infancia, Allison Cooke y sus palabras que llegaron desde la Nación Cherokee de Norteamérica, el peruano Renato Sandoval, el español Javier Jover y la cubana Nancy Morejón con sus bellos versos a la hoja de papel, receptora de la inspiración poética.
Pero habría más voces extranjeras en la mañana, como la del ruso Viacheslav Kupriyanov, que luego de una introducción en su propia lengua, leyó la traducción al castellano de un poema dedicado a los pájaros y las jaulas. Por su parte, el colombiano Rómulo Bustos Aguirre rescató la figura del Sensonte (pájaro reconocido por su capacidad de emular cientos de cantos de otras aves) como una vía para hablar del silencio: "A veces, pareciera cansarse de ser tantos pájaros/ y ensaya un misterioso silencio./ Todo su adentro calla, como si se escuchara a sí mismo callando./ Como si descubriera que en su silencio habita otro pájaro, que canta suspendido en su ramal interior./ Es quizás entonces, más sensonte, que el sensonte".
Y si de sonidos silvestres se trata, el guatemalteco Humberto Ak`Abal permitió uno de los momentos más cálidos del encuentro, entonando un poema en su lengua maya k`iche, el "Cantos de pájaros" con el que retrató generosamente una fauna fantástica, siempre mediante sonidos entre vivos y guturales, a través de silbidos y chasquidos. Estampadas en los rostros de todo el grupo, las sonrisas oficiaban como claro reconocimiento a un trabajo sorprendente.
Llegaría entonces el turno de los participantes del taller Historial de Soledades. Silencio, noche, vida e infancia encontraron sus metáforas en las voces de Leonardo, Ariel, Horacio, Néstor y Mauricio, algunos de los representantes de un proyecto que integra y reforma a través de las letras. Proyecto que en la mañana del jueves recibió un espaldarazo de parte de ese grupo de creadores que se determinó a franquear las barreras del desconocimiento para introducirse en ese mundo plagado de límites (geográficos y de los otros). Como Fabián Silva, que a pesar de haber recuperado la libertad decidió volver a encontrarse con sus viejos compañeros de taller y ser partícipe del hecho histórico.
Y ese carácter de inédito no fue pasado por alto por ninguno de los asistentes. "La verdad que es una posibilidad que no te la da nadie, porque nosotros estamos presos, privados de la libertad, porque hemos hecho daño en la calle. Hoy tenemos la posibilidad de escribir y poder compartirlo con gente de otros países es algo muy lindo", reconoció Ariel, mientras que Horacio apuntó: "Es muy importante que poetas del exterior puedan venir a escuchar lo que uno escribe, dentro de este lugar en el cual me encuentro. Por un lado es como aterrador, pero por el otro muy satisfactorio, porque siento como que me expando y que lo que escribo sale hacia afuera, me siento libre".
Figura recurrente, las letras parecen estar instaladas en los talleristas como una vía de escape. "Buscando en el interior de uno encontramos muchas cosas que no podíamos hallar -analizó Javier-. Es ver más allá y decirlo como nos sale de adentro, ver más allá de estos muros, de los guardias, más allá de la muerte, porque en estos lugares está mucho el tema de la muerte. Ahora estando en un encuentro internacional nos muestra que se puede, que tenemos potencial. Que nuestra forma de vivir no era solamente vivir en un lugar marginado, o morir joven".
Entre los poetas invitados, la sensación corría por senderos similares. "Es una experiencia sui generis muy particular -apuntó el guatemalteco Rómulo Bustos-. Realmente debo decir que es la primera vez que vengo a leer a una cárcel. Me habían propuesto otras veces y siempre me he rehusado, porque me parecía que iba a ser una experiencia muy depresiva. Esto ha sido todo lo contrario, ha sido una fiesta. Porque hay un público especial, singular, receptivo y creador en la palabra. Me maravilló en algunos de los textos ese alto sentido de dignidad, de fuerza interior que lo preserva, que le crea una coraza. Realmente, debo decirlo, es una experiencia maravillosa".
"A la poesía la asumo como una búsqueda interior, la búsqueda de ti mismo. Yo, como creo que todos los seres humanos, he plegado un camino que está lleno de confusiones. A veces no sé qué soy realmente, pero cuando quiero saber qué soy, en algún momento que estoy muy confuso, entonces recurro a mi libro de poesía, y ahí me encuentro. Entonces si la poesía es una zona de encuentro con uno mismo, entonces la poesía ante todo es eso, libertad. Porque cuando tú te encuentras a ti mismo es cuando eres realmente libre, mientras tanto no, estás en cárceles de otro tipo. No son las cárceles de hierro, sino las que el mundo te impone. Porque creo que esta época moderna, industrial, es una época de cárceles, de cárceles sutiles, como el dominio de la mass media, la prueba más sutil y peligrosa de las cárceles. Sobre todo porque la gente no sabe que está encarcelada", agregó.
Ya disuelta la ronda que permitió la ordenada sucesión de lecturas, sobre el mediodía el encuentro ingresó quizás en su terreno más rico: el del intercambio anárquico y casual de historias, el de la humilde solicitud de autógrafos para esos invitados que, a su vez, se empapaban de los relatos de sus huéspedes. Orgullosa testigo, Susana Valenti no ocultaba sus emociones: "Estoy más que satisfecha, super emocionada. Yo soy bastante escéptica y digo que uno tiene que partir de la desesperanza y del escepticismo, porque tenés que manejarte con la realidad y a partir de ahí caminar y construir. Esto me demuestra que no todo está perdido".

viernes, 11 de enero de 2008

Lágrima Demorada: Primer libro de Viviana Santamarina



Toda aparición de un primer libro, un libro debut es siempre motivo de ansiedad, de múltiples revisiones, correcciones, marchas y contramarchas para escritores y editores. Ante el "debut" el escritor abre ante sus ojos un mundo distinto y carga de ilusiones una mochila que se pone al "recibirse" en este oficio. El editar no representará un cambio de vida ni tampoco la fama ni el oro ni otros artificios tocarán la puerta del escritor, pero sin lugar a dudas siempre representa una fiesta, una alegría que se comparte con quienes nos rodean, con los lectores que encuentran - cuando pueden - una voz nueva.


Lágrima demorada, es el último libro que editó Vela al Viento en diciembre pasado. Una cuidada y delicada publicación que acompaña los textos que eligiera Viviana Santamarina para presentarse por primera vez a juicio de lectores y colegas.


Su "profe" fue la encargada de la contratapa del libro que, a modo de presentación, Belén Ancízar dice:




"Si la lágrima irrumpe, inevitable. Si se detiene y moja tanto que ya no se sabe con certeza. Si se demora ahí, en el borde del ojo, y cae la noche y tantas otras noches. Anido una pena / razonable y cruel. Esta es la lucidez, a pesar de la neblina, en un instante de oscuridad.


Hay una voz que tiene frío. Extirpa las palabras y notorios restos de duda. Se necesita espacio para saber, versos para dejar salir esa lágrima que permanece en un rincón de la experiencia.


Sólo la noche hace abrir los sueños, dice Viviana Santamarina. Mientras, entrega pedazos del mundo que, lejos de fragmentar su poesía, la hacen crecer inmensa.




El poema que le da el nombre al libro dice:




No podría vivir si no vivieras


ésta es la auténtica imagen


que agita los espejismos


de tu ausencia




estoy


viendo la solitaria


conversación del olvido




triste será la travesía


para la última lágrima


demorada.




martes, 8 de enero de 2008

Eso está ahí, en los poemas...

(Presentación del libro SIEGA de Rubén Eduardo Gómez, Café Literario del Centro Teatro de Comodoro Rivadavia, 09 de Septiembre de 2004)

Bogavante
Quiero antes que nada agradecerles la presencia en este horario y día tan extraños a un evento literario (jueves, 21 horas), que importa.
Importa toda aparición de un libro en la Patagonia. Es una celebración, una fiesta, un motivo de alegría. Y en este caso también celebramos el nacimiento de una editorial: Bogavante, de la que soy parte y tengo el orgullo de ser el primer autor local que es publicado, lo que convierte a esta reunión en doblemente feliz.
Bogavante es una suerte de cooperativa de trabajo surgida de las entrañas mismas de la Feria de la Palabra y que conformamos con Anahí Nahoe, Paz Garrido, Paulina Uviña y Marcos Maíz, al menos por ahora y que seguramente con el correr del tiempo seremos más.
Bogavante viene a cubrir lo que creemos hace falta en nuestra ciudad y quizás en la región: una editorial que encuentre las formas de que el autor dedique mas tiempo a escribir que a desencantarse siendo su propio publicista, repositor, vendedor, diseñador, cobrador, etc.
La idea es seguir publicando con periodicidad, buscar la forma de atraer a otros autores, sobre todo a los inéditos, a los jóvenes y crear un catálogo de títulos locales y regionales que nos permita delinear nuestra identidad o al menos dejar el registro de esta etapa en nuestra cultura.
No nos circunscribimos a textos literarios, sino que también buscaremos textos de investigación, ensayos, historia, periodismo, filosofía, sociología y más. Así es que buscamos que la comunidad comprenda nuestro trabajo y la idea inicial, y sobre todo que nos apoye adquiriendo los libros y proponiéndonos proyectos de edición.
Agradecimientos
Hoy es “Siega” mi tercer libro el que nos convoca. Y lo primero que debo hacer es agradecer a Sebastián Pinelli la disposición para con este evento, permitiendo que la presentación se haga aquí, en el Centro Teatro, en su Café Literario, tanto para el sábado, en el que por razones ajenas a nuestra voluntad no pudimos llevarlo a cabo, como para hoy.
También el desinteresado apoyo de FM Bizarra que nos brindo la posibilidad de editar el libro con su gestión y difusión, creyendo firmemente en este proyecto incipiente que representa Bogavante.
Tengo que agradecer al artista local Diego Ariel Gómez, mi hermano, el responsable de ese dibujo sensacional que hizo para la tapa del libro y que solo tuvo como referencia lo poco y casi nada que le conté, sin siquiera haber leído los textos.
A mi familia, toda mi familia, que está ahí siempre sosteniendo el sueño y que suelen tirar del hilo de plata para evitar que siga al viento, manteniéndome con un pie en la tierra.
Y a Andrés Cursaro, un poeta con todas las letras y cuya amistad me enorgullece, y que creí era la persona mas capacitada para hablar de este libro, puesto que es quien me vio dar mis primeros pasos en la poesía, con quien crecimos espalda con espalda, con quien compartimos lecturas y máquinas de escribir, proyectos y hombros.
Andrés es co-autor junto a quien les habla del poemario “El pecado de soñar” editado por Filofalsía en 1988 y de “Jirones de un desierto que oscurece” editado por Último Reino en 2002.
Los invito a escuchar a Andrés Cursaro, quien se referirá a Siega a modo de presentación.

Es algo muy especial para mí estar aquí, presentando el libro de mi amigo Rubén Gómez, de mi hermano Bencho.
Han pasado 14 años desde la aparición del último libro de Gómez. Aquel “Géiser” fue la puerta de un silencio poético en libro que se cierra hoy con esta presentación de “Siega”. Bienvenidos entonces, a esta fiesta, a esta manifestación de memoria y resistencia.
Hasta hoy Gómez mantuvo su obra en silencio. Durante 14 años su propia voz poética quedó callada. Pero Gómez, durante ese silencio propio, no dejó de mostrar su otra voz; de callara aullidos y abrir el camino para que se escuchen nuevas voces en Comodoro Rivadavia.
Entre “Géiser” – su último libro publicado en 1990 – y “Siega”, creó la ya mítica revista Bardo. Fue el poeta Gómez, en rol de editor, quien decidió, a fuerza de convicción, capricho y trabajo, acallar su propia voz y levantar el volumen de otras voces. Así, en esa revista fue posible, es posible encontrar trabajo de grandes poetas de la Argentina, de grandes poetas de la Patagonia y de grandes poetas de Comodoro.
También fue Gómez, dándole descanso a su propia voz, quien organizó a fuerza de capricho, convicción y trabajo, la Feria de la Palabra mostrando el otro lado de la cultura oficial, oficialista.
Hubo una el año pasado. Para ella llegaron trabajadores de la palabra de todo el país. Poetas como Irene Gruss, Marta Miranda y Majó Abeijón estuvieron allí. Y hubo otra este año, con la presencia de Daniel Chirom, Juan Carlos Moisés, Jorge Spíndola y el querido Raúl Mansilla, entre otros poetas y laburantes de la palabra llegados para compartir con nosotros, precisamente, sus palabras.
Un poeta no deja de ser poeta cuando calla. Un poeta no deja de ser poeta cuando lo callan. Un poeta no vive de la poesía. Pero si, un poeta vive la poesía. Y el resultado de esta pequeña o gran vida de Gómez está hoy entre nosotros. “Siega” llega para demostrar que Gómez, a pesar de su silencio público (elegido o impuesto), siguió construyendo una obra. Y la construyó como debe ser: en silencio, con caprichos, convicciones, trabajo y, sobre todo, talento.

No soy ni la sombra de un crítico.
No voy a decir, porque no pudo, porque no tengo como decirlo, si este libro de Gómez, pertenece a tal o cual corriente, si el tono que empleó es el adecuado, si el corte de os versos responde a determinadas estructuras. No voy a decir hasta “aquí estoy, hasta aquí aquello”: solo voy a decir que Gómez, en Siega, se ha desprendido de lo que sintió que le sobraba.
En estos poemas se muestra despojado, introspectivo; aparece como un buceador de sí mismo con la plena conciencia de lo que lo rodea; Gómez, en algunos poemas, se convierte en espejo y nosotros, si fuera posible, veríamos pensamientos, sensaciones, descripciones de lo que nos rodea y envuelve.
Gómez nos muestra, en las tres partes de este libro, tres maneras de revisarnos, de viajar hacia adentro, pero con la remera afuera, sacudida por la velocidad; como cuando vamos en un auto y abrimos el vidrio y flamean las mangas de la camiseta.
Una primera parte (Siega) netamente relacionada con el exterior, con el mundo que está allí afuera; la segunda parte (Papamán) vivencial, emotivamente relacionada con su padre, con su madre, sus hermanos; y la tercera (Huellas) donde abre la puerta de su otra casa y deja que veamos su vida diaria (la familia que él ha formado, sus hijos, amigos, trabajos y entreveros).
Y, sin embargo, no es Gómez el que ahí está. Mejor dicho: sí es Gómez, pero también puede ser cada uno de nosotros el que esté en ese libro, en esos poemas. Y esto – como dije antes – es lo que hace a Siega un libro que nos lleva a revisarnos, a viajar hacia adentro pero con las mangas de la camiseta flameando afuera.
Gómez nos presenta hoy esta obra: Siega.
Siega con ese, no con cé. Porque esta obra de Gómez no nos deja a oscuras, caminando a tientas entre la tierra y el viento. Al contrario, este libro nos abrirá los ojos para ver. Nos segará, nos cortará de raíz los prejuicios para, si queremos, veamos más allá de lo que nos rodea cotidianamente y subamos a un tren que nos depositará en nosotros mismos y tengamos plena conciencia de cómo nos paramos ante nuestro cercano o lejano, pequeño mundo.

Escuchen todo lo que puedan.
Escuchen un poco más.
Escuchen
Y escúchense.

Recomienda imperativo Gómez en uno de los poemas que integran Siega. Y remata:

¿lo oyen?
¿Pueden escuchar
el paso constante
ensordecedor
el paso
del tiempo?

Brindo por Siega, por Gómez, por el paso ensordecedor, el paso del tiempo. Quiero brindar CON mi hermano por este gran libro y por dejarnos viajar con él en nosotros. Salud.

Gracias, Muchas Gracias Andresitoquerido.

“Siega” es un edificio plagado de gente hablando
Hace muy poco tiempo pude leer una entrevista a Anahí Mallol, una poeta de La Plata. En ella dice que descree del género entrevista ya que “si un poeta tiene algo para decir, eso está ahí, en los poemas” (1)
Además, bien dice José Saramago: “No se pregunta, pues, al poeta que pensó o sintió, precisamente para no tener que decirlo escribe versos”.
Por eso es que yo no tengo mucho para decir en este momento y sí es que quisiera que todos leyeran este libro y todos los que vengan de aquí en mas. Pero me voy a permitir, sí, decir algunas palabras en torno a la poesía.
Mallol agrega que tampoco cree “que la última palabra la tenga el autor”, a lo que adhiero totalmente. Mi amigo, mi hermano Andrés Cursaro es una de las pocas personas que han tenido acceso a las diferentes caras que ha tenido este libro, esta “Siega” a lo largo de estos catorce años que pasaron entre mi segundo libro, “Géiser” y el que hoy presentamos aquí. Digo que ha tenido diferentes caras no solamente porque ha cambiado de título y de contenido, sino porque ha tenido períodos ultra barrocos, con excesos de adjetivos y todos los recursos posibles que brinda el lenguaje. Hube de abusar de ellos durante algunos años.
Ahora, si se pudieran comparar algunos poemas que tienen quizás más de catorce años en su primer esbozo, con la versión finalmente editada posiblemente nos demos cuenta de que el alma del poema está tanto en unos como en otros. Si ahora están mejor o peor que antes no puedo decirlo y seguramente ustedes tampoco porque solo conocerán esta versión, la que hoy presentamos.
Pero sí estoy seguro de que allí tampoco está dicha la última palabra, que habrá, como alguien dijo alguna vez, tantos “Siega” como ojos posados sobre él. Los poemas vuelven a escribirse después de cada lectura, cada lector rescribirá “Siega” y lo enriquecerá con sus propias imágenes, recuerdos, palabras, fotos y sentidos.
Allí la dificultad del lenguaje, que rara vez nos sirve para hacernos entender sino que la mayoría de las veces nos invita a averiguar. A medida que dominamos más palabras (o creemos hacerlo) nos damos cuenta de cuan dura es la tarea de comunicar o transmitir a través de la letra. Justo vengo a poner la palabra “través” cuando pensaba hablar de las voces. Voz es también palabra según el diccionario, y esto es realmente significativo.
“Siega” es un edificio plagado de gente hablando, voces distintas, y desde su título corta y enceguece a la vez, aclara y oscurece, empareja y destaca. A través de la letra, a través de la palabra, “Siega” tiene la pretensión de ser un libro de poemas que estimule las voces del lector, que movilice las múltiples palabras que parecen faltarle y que no supe encontrar.
Puede parecer un libro despojado, es cierto. La primera “Siega” fue mía, no hay tantos adjetivos como se suele encontrar en otro tipo de poesía, no hay puntuación excesiva ni siquiera hay mayúsculas. Ahora, la pregunta es: ¿hay poesía?
Y en tal caso ¿qué la generó y por qué?
Vuelvo a encontrar la respuesta en lo que dice Anahí Mallol, quizá con mejores palabras que las mías, dice: “No sé si puede hablarse de elementos generadores de la poesía, como si hubiese algo preexistente a eso que surge con forma de poema. Creo más vale que se trata de una cuestión de materias y materiales en movimiento, de fluidos, de ritmos, significaciones. La materia es, ya lo dijo Flaubert, el lenguaje, y a este respecto, un poema puede cristalizar a partir de una frase escuchada en el colectivo, intercambiada con una amiga o con un chico, leída en cualquier revista o periódico, oída en cualquier canción del pop o del rock, leída en el texto más canónico del canon occidental. Pero la frase o la palabra o el ritmo pueden aparecer también por sí solos, surgir de la quietud de un día de bochorno o de lluvia fina o de una sensación cualquiera: alguien que te mira al pasar, alguien que no te mira, un fotograma de la televisión o del diario, que se yo. Solo hay que estar atento.”
El lenguaje, su ambigüedad, su simbología, la convención que implica su utilización y los “ruidos”, las interferencias, el ir y volver por la historia y sus modificaciones, la coyuntura y la desunión, el paisaje que intentamos decir, ese que queremos que viaje y diga a través de la voz que le ponemos, es como tratar de hacer un doblaje en una película que tiene otro idioma, una traducción de un lenguaje que nos es familiar en nuestras palabras pero que tiene su propio decir, al punto que todos lo leemos distinto, ¿o acaso mi árbol, el árbol que aparece en mi mente cuando leo la palabra árbol es igual a la que tiene quien la escribió?
Por supuesto que no.
Un poema que integra este libro se llama “desobediencia” y dice:
“suenan
flautas
a contrapelo”
y si tuviera que elegir un “ars poética” creo que allí, en ese poema la encuentro y termina siendo materia en mis dedos.

Para finalizar la presentación del libro quisiera nuevamente agradecerles la presencia e invitarlos a escuchar algunos poemas de “Siega” envueltos en el regalo que nos da la buena música.
(Se escucha la grabación de poemas por el autor con música)


(1) (Vox Virtual N° 16, Noviembre de 2003, la entrevista a Anahí Mallol fue realizada por Noelia Froschauer como actividad del Taller de Oralidad y Escritura II, de la Universidad Nacional de Mar del Plata coordinado por Ana Porrúa)

martes, 18 de diciembre de 2007

Vía Remington


Tenemos el placer y el orgullo de distribuir el libro de Corina Moscovich, Vía Remington. Un libro cuya poesía nos imprime imágenes como lo hacían los tipos de las viejas y nunca bien ponderadas Rémington de antaño. En 2008 seguramente podremos disfrutar más seguido y en el interior de la poesía de Corina, una joven rosarina que nos introduce a un mundo distinto y original desde su mirada con un tono propio y crudo. Un libro muy recomendable y digno de ser leído. Los invito a la página web: http://www.corinamoscovich.com.ar/ donde podrán acceder a más datos sobre la autora y algunos de sus poemas. También pueden adquirirse en:

1) Crack-up Costa Rica Nº 4767 Buenos Aires

2) De Ávila Alsina N° 500 Buenos Aires

3) Del Sol Superí N° 1411 Buenos Aires

4) Del Virrey Virrey Loreto N° 2047 - Buenos Aires

5) El Gato Escaldado Independencia N° 3548 Buenos Aires

6) Fedro Carlos Calvo N° 578 - San Telmo - Buenos Aires

7) Hernández Corrientes N° 1311 - Buenos Aires

8) La Maga Güemes N° 3873 Buenos Aires

9) Monod Montevideo N° 846 Buenos Aires

10) Norte Las Heras Nº 2225 Buenos Aires

11) Nuestra América Rodríguez Peña N° 466 Buenos Aires

12) Obel Libros Corrientes N° 1230 Buenos Aires

13) Otra Lluvia Bulnes N° 640 Buenos Aires

14) Paradigma Maure N° 1786 Buenos Aires

15) Sudeste Corrientes N° 1117 Buenos Aires

16) Del Norte Roque Sáenz Peña N° 1519 Olivos

17) Ramos Mitre N° 541 Quilmes

18) La Odisea Belgrano y Ameghino Comodoro Rivadavia
19) Del Aeropuerto Aeropuerto General Mosconi Comodoro Rivadavia
20) Real Libros de la Patagonia España Nº 942 Comodoro Rivadavia

21) Ross Córdoba Nº 1347 Rosario
22) Al faro de Lou Calle Del Comercio y De la Playa - Local 7 Colonia - Uruguay

sábado, 8 de diciembre de 2007

¿por qué me gusta tanto? en FunCEB



(Presentación del libro ¿por qué me gusta tanto? De Nilda Barba, Fundación Centro de Estudos Brasileiros, FunCEB, 11 de Octubre de 2007)

Buenas tardes.
En primer lugar agradecer la invitación de la Fundación Centro de Estudos Brasileiros y toda su gente en el nombre de Milena Bochniak por el espacio y la calidez con la que nos recibieron para presentar el libro de Nilda Barba, ¿por qué me gusta tanto?, y por supuesto la presencia de todos y cada uno de ustedes en la sala.
Vengo de Comodoro Rivadavia, una ciudad ubicada en la provincia del Chubut, en el centro del Golfo San Jorge casi en el límite con Santa Cruz, en la Patagonia Argentina. Un lugar donde el mar muestra los colores del cielo y el estado de ánimo y es azul profundo, verde, celeste, o levanta los rulos blancos enojado con el viento. Es un lugar donde el viento habla con voz de lobo y aúlla las noticias de la meseta y se vuelve blanco como la nieve o abrasador con los vapores del desierto. Es un lugar donde la gente quiebra la greda en busca de petróleo y envejece por el frío y sus rostros se cincelan con las marcas del tiempo y aquellos aullidos. La gente también intenta romper la greda con semillas, con árboles y añoran cada uno de los lugares de donde provienen. La gente resiste también con una pluma en la mano indagando sobre su propia vida, sobre lo que siente y dice como puede, a veces imitando al viento lobo. La gente es árida como la greda y dura para movilizarse al ritmo del arte, pero también es cálida cuando se permite recibirla. En ese lugar tan joven culturalmente, con apenas 106 años y más de 50 años de gobiernos militares y su consecuencia, es que nace, crece y se reproduce la editorial “Vela al Viento”.
En la Patagonia todas las distancias son más grandes, todas las distancias se duplican y domina el tono un pasaje, un viaje, el mismo tránsito de uno y hacia uno mismo. Y es ese viaje, esa tarea que pretendemos iluminar con esta “Vela al viento”.
El trabajo de editor brinda la posibilidad de conocer las obras previamente a los ojos lectores – que son los principales destinatarios, más allá de la crítica y la academia – y preparar de la mejor manera los textos para que el objeto libro también sea atractivo.
El trabajo de editor, como lo he encarado, permite tener un acercamiento a la obra y sugerir correcciones, procurar la permanente participación del autor en todos los detalles, y lograr así la plena satisfacción del escritor con su libro.
En este caso el libro como objeto es un motivo de orgullo para la Editorial, ya que es casi tan bello como los poemas de Nilda, y los acompaña. Un formato poco habitual – cuadrado de 20 x 20 - lo destaca en la biblioteca, su diseño interior es también original y la tipografía es suave y agradable al ojo. Las fotografías que actúan como separadores en cada capítulo, van en el mismo sentido que los textos conformando una obra integral. Los fotogramas de Ioana Menéndez tienen en sí mismas una carga de poesía visual tal, que los poemas encuentran en ellos otra forma más de decir y preguntar.
Si me permiten les mostramos su trabajo.
(proyección de powerpoint)

No hace mucho tiempo me preguntaban sobre la utilidad de la poesía en el tercer milenio. La pregunta lleva en sí misma una revisión de la palabra servir por un lado, y por el otro obliga a pensar en por qué escribir y leer poesía en este comienzo de siglo. Y también por qué hacerlo antes, en el siglo pasado o en los anteriores.
Servir es valer, ser útil para un determinado fin – el valor de la poesía, su utilidad y esta ¿en qué sentido? ¿para qué es útil? Un destornillador es útil, pero si tengo que quitar un clavo de una tabla, seguramente me va a resultar inútil -. Servir también es poner la pelota en juego, y es quizás dable pensar en esta última definición. “El juego en que andamos”, dice bien Juan Gelman. Esta posibilidad de “andar en juego”, de servir la palabra para su devolución y que ese ida y vuelta permita el juego, para ganar claro, aún cuando no esté bien definido quien vence y en todo caso, ¿a quién le importa?
En la poética de Nilda Barba el juego y la infancia, los secretos y misterios, la danza de las pupilas en la naturaleza y el asombro se presentan claramente, como si aquellas fotos de antaño hubieran sido tomadas con las huellas digitales en el corazón. Sirven las palabras de Nilda para volver sobre aquellos juegos que intentaban dilucidar la otra cara de las cosas y también de las palabras.

El poeta Raúl Gustavo Aguirre decía que “la palabra es el elemento más complejo que existe para la creación, puesto que no sólo se comporta en su polivalencia de sonido, imagen y concepto, sino que a la vez está imbuida del curso de la sangre a través de las edades, y permanecen en ella las formas larvales de los hábitos, resquicios, sedimentos, formas mnemónicas, convenciones, tabúes y secuencias imponderables e impredecibles que hacen de ella el más impuro, el más complicado y, a la vez, el mas rico de los elementos que puede encontrar un creador”, y agrega que “el poema es el acto más difícil de que se es capaz. Ninguna forma de creación requiere como él de la presencia absoluta. Ninguna otra forma de creación requiere como él del dominio de tantas alternativas”. Y entonces el valor de este libro, por esta tarea, por este oficio, por estos actos expuestos, es de mayor trascendencia aún.
En ¿por qué me gusta tanto? el trabajo creativo consiste en una amalgama de palabras que viajan a través de los sentidos, valiéndose de ellos en la construcción precisa y preciosa de imágenes, que nos permiten trasladarnos a través del cuerpo por recuerdos, sensaciones y reflexiones en busca de las certezas que nunca llegan, como en la vida misma y sea cual fuere la forma elegida para la creación. Así florecen las preguntas vitales del sentido mismo en los jardines, así se indaga en los cuentos y en los espejos, se urden laberintos por los cuales la poeta parece abandonarnos no sin dejar un hilo de color carmesí hacia la salida que solamente puede hallarse si se está atento a nuestra propia e inconfundible voz.

Fue el tono inquisidor de ¿por qué me gusta tanto?, el que me llevó a pensar en aquello que Roland Barthes sentenciaba a modo de definición, de descripción y quizás de sino: los escritores eternamente estarán tratando de responder a dos preguntas claves: ¿Por qué te amo? ¿Por qué le tengo miedo a la muerte?
Y entonces si todos los temas condujeran a responder estas dos inquisiciones, si todas las palabras conformaran las flechas, el arco, el blanco e incluso la tensión de la cuerda y la decisión tras haber apuntado para responder aquellas preguntas barthesianas, no podemos dejar de pensar en que claramente aquello de servir en este siglo, en el anterior y en cada uno de los milenios que nos precedieron se responde solito y sin mas ayuda.
Creo que la poesía está más cerca de la filosofía y, dentro de esta, de la ontología que de la literatura, en un sitial de fundamental importancia a la hora de indagar – sobre todo – en la segunda de aquellas preguntas de Barthes.
Y entonces, hasta tanto no tengamos las respuestas estamos obligados a seguir buscándolas, y de qué mejor manera que hacerlo a través de cada una de las poéticas que nos habitan y nos habitarán, conformando la propia. La mejor manera de servir a estos fines humanos de indudable trascendencia, es a través de la poesía. En ese juego andamos aquellos que vivimos con la esperanza, los que soñamos despiertos, mientras el mundo parece intentar que el ser humano deje de serlo, cambie su condición para deshumanizarse y simplemente estar.
¿por qué los alfileres en mis alas? dice Nilda, con precisión para hablarnos de los castigos al vuelo y a la creación. ¿qué será del canto de la propia voz?, en una reflexión hacia la individualidad en un mundo de parecidos y uniformados al mismo tono. ¿cajones o sarcófagos? dice, y nos empuja a pensar en nuestras pequeñas muertes cotidianas, en lo pendiente, en el tiempo que pasó y en el que nos falta.

¿por qué me gusta tanto? es un libro sensacional, en el lato sentido de la palabra. Procura transmitir mediante imágenes claras y un lenguaje muy cuidado, las distintas etapas de la vida, y logra conmover la fibra íntima, esa que nos permite sentir cuándo se está frente a la verdadera poesía.
El ritmo, su musicalidad, su tono son propios de quien ha encontrado su palabra, su voz, y en ella y desde ella, Nilda Barba crece con comodidad, dice con claridad y pregunta con sinceridad. ¿por qué no nos acunan? ¿por qué no nos cuentan de princesas? ¿quién ha de recordar?
Los poemas preguntan, no ya para obtener una respuesta, sino para generar en quien se asoma al libro una invitación a recrear las preguntas, a ubicarlas en otro plano, a repreguntarse sobre estas inquisiciones y hacerlas propias. ¿Qué más los une? ¿cuándo? ¿para qué baldear? ¿cuándo es hora de volver?
Nuestras propias inquisiciones son ese motor que nos lleva a escribir. ¿mi última jugada? ¿se acabaron los peces? ¿dónde los besos?
Son nuestras propias inquisiciones las que nos hacen crecer. Son ellas entonces las que viven en ¿por qué me gusta tanto?.
Los invito a conocerlas, a disfrutarlas y sobre todo a vivirlas en la belleza tan presente en las hojas de este libro inquisidor, profundo y maravilloso de Nilda Barba.

Nuestras propias inquisiciones

(Presentación del libro ¿por qué me gusta tanto? De Nilda Barba, Ciclo Último Infierno de APOA, Bar Bartolomeo, 8 de Agosto de 2007)

Buenas noches.
En primer lugar agradecer la invitación de APOA en el nombre de Cayetano Zemborain por el espacio en este ciclo para presentar el libro de Nilda Barba, ¿por qué me gusta tanto?
El trabajo de editor brinda la posibilidad de conocer las obras previamente a los ojos lectores – que son los principales destinatarios, más allá de la crítica y la academia – y preparar de la mejor manera los textos para que el objeto libro también sea atractivo.
El trabajo de editor, como lo he encarado, permite tener un acercamiento a la obra y sugerir correcciones, procurar la permanente participación del autor en todos los detalles, y lograr así la plena satisfacción del escritor con su libro.
En este caso el libro como objeto es un motivo de orgullo para la Editorial, ya que es casi tan bello como los poemas de Nilda, y los acompaña. Un formato poco habitual lo destaca en la biblioteca, su diseño interior es también original y la tipografía es suave y agradable al ojo. Las fotografías que actúan como separadores en cada capítulo, van en el mismo sentido que los textos conformando una obra integral. Los fotogramas de Ioana Menéndez tienen en sí mismas una carga de poesía visual tal, que los poemas encuentran en ellos otra forma más de decir y preguntar.
¿por qué me gusta tanto? es un libro sensacional, en el lato sentido de la palabra. Procura transmitir mediante imágenes claras y un lenguaje muy cuidado, las distintas etapas de la vida, y logra conmover la fibra íntima, esa que nos permite sentir cuándo se está frente a la verdadera poesía.
El ritmo, su musicalidad, su tono son propios de quien ha encontrado su palabra, su voz, y en ella y desde ella, Nilda Barba crece con comodidad, dice con claridad y pregunta con sinceridad.
Los poemas preguntan, no ya para obtener una respuesta, sino para generar en quien se asoma al libro una invitación a recrear las preguntas, a ubicarlas en otro plano, a repreguntarse sobre estas inquisiciones y hacerlas propias.
Nuestras propias inquisiciones son ese motor que nos lleva a escribir.
No hace mucho tiempo me preguntaban sobre la utilidad de la poesía en el tercer milenio. La pregunta lleva en sí misma una revisión de la palabra servir por un lado, y por el otro obliga a pensar en por qué escribir y leer poesía en este comienzo de siglo. Y también por qué hacerlo antes, en el siglo pasado o en los anteriores.
Servir es valer, ser útil para un determinado fin – el valor de la poesía, su utilidad y esta ¿en qué sentido? ¿para qué es útil? Un destornillador es útil, pero si tengo que quitar un clavo de una tabla, seguramente me va a resultar inútil -. Servir también es poner la pelota en juego, y es quizás dable pensar en esta última definición. “El juego en que andamos”, dice bien Juan Gelman. Esta posibilidad de “andar en juego”, de servir la palabra para su devolución y que ese ida y vuelta permita el juego, para ganar claro, aún cuando no esté bien definido quien vence y en todo caso, ¿a quién le importa?
También pensaba en aquello que Roland Barthes sentenciaba a modo de definición, de descripción y quizás de sino: los escritores eternamente estarán tratando de responder a dos preguntas claves: ¿Por qué te amo? ¿Por qué le tengo miedo a la muerte?
Y entonces si todos los temas condujeran a responder estas dos inquisiciones, si todas las palabras conformaran las flechas, el arco, el blanco e incluso la tensión de la cuerda y la decisión tras haber apuntado para responder aquellas preguntas barthesianas, no podemos dejar de pensar en que claramente aquello de servir en este siglo, en el anterior y en cada uno de los milenios que nos precedieron se responde solito y sin mas ayuda.
Creo firmemente que la poesía está más cerca de la filosofía y, dentro de esta, de la ontología que de la literatura, en un sitial de fundamental importancia a la hora de indagar – sobre todo – en la segunda de aquellas preguntas de Barthes.
Y entonces, a la pregunta inicial, debemos decir que sí, que hasta tanto no tengamos las respuestas estamos obligados a seguir buscándolas, y de qué mejor manera que hacerlo a través de cada una de las poéticas que nos habitan y nos habitarán, conformando la propia. La mejor manera de servir a estos fines humanos de indudable trascendencia, es a través de la poesía. En ese juego andamos aquellos que vivimos con la esperanza, los que soñamos despiertos, mientras el mundo parece intentar que el ser humano deje de serlo, cambie su condición para deshumanizarse y simplemente estar.
Son nuestras propias inquisiciones entonces las que viven en ¿por qué me gusta tanto? Los invito a conocerlas, a disfrutarlas y sobre todo a vivirlas en la belleza tan presente en el libro de Nilda Barba.

La poesía despierta

(Presentación del libro de Ernesto Allende, 13 de Julio de 2007, en el Concejo Deliberante de Rada Tilly)

“El sueño de los que están despiertos es la esperanza”, decía Carlomagno. Y esta esperanza en la vigilia de los que aquí estamos alimenta la fuerza de la palabra poesía.
Toda aparición de un libro debe tornarse una fiesta, una celebración y como tal disfrutarse. Es una muestra de la resistencia que los hacedores - casi en silencio – llevan adelante cotidianamente, despiertos. Se levanta entonces una bandera de esperanza para los que siguen haciendo y nos alimenta en la lucha.
No hace mucho tiempo me preguntaban sobre la utilidad de la poesía en el tercer milenio. La pregunta lleva en sí misma una propuesta de revisión de la palabra servir por un lado, y por el otro obliga a pensar en el por qué escribir y leer poesía en este comienzo de siglo. Y también el por qué hacerlo antes, en el siglo pasado o en los anteriores.
Es seguramente posible pensar inmediatamente en las posiciones que se adoptan respecto de lo que llamamos cultura oficial y la independiente, en movimientos que tienen que ver con el apoyo, financiamiento y propulsión que la una – a veces en forma obscena – ostenta respecto de la otra, y como el underground resiste y genera canales alternativos, se sirve de formas y medios no convencionales para seguir con vida. Aunque no lo parezca la cultura oficial sirve a un discurso y a políticas ciertas y definidas. Digo aunque no lo parezca porque suelen extrañarse las explicaciones y los programas y el planeamiento en cuanto a lo que se refiere a políticas culturales que debieran estar claramente descriptas en cualquier plan de gobierno que se precie de tal, y sin embargo rara vez se dan a conocer, y cuando se exponen al público en general no se trata de otra cosa que no sea un detallado inventario de obras públicas.
La política cultural subyace y continúa siendo la misma desde hace varias décadas aún cuando los gobiernos cambien y las distintas ideologías – o debiera decir discursos – han ejercido el poder con exacto balance final, una vez concluidos sus respectivos mandatos: escaso presupuesto, un 80 % del mismo resulta aplicado al pago de sueldos del personal – rara vez capacitado -, y el 20 % restante sirve para la gestión de infraestructura para la presentación de los artistas que son afines al gobierno. No se procura el desarrollo de ningún tipo de arte, no se sabe quienes son los hacedores, los beneficiarios son siempre los mismos y se sabe que, cual si fuera un archipiélago, las islas difícilmente se conecten entre si para formar un bloque que permita exigir mejoras en este estado de situación. No pueden los poetas, los escritores, los artistas plásticos, los fotógrafos, los músicos, los artesanos, hacer un piquete, declararse en rebeldía, hacer un paro y no crear nada mas hasta tanto las condiciones mejoren.
A la poesía “no se le importa un pito” todo esto, aunque sí a los poetas.
Servir es trabajar para alguien, y hay poetas que sirven y otros que no a los fines de la cultura oficial, de la continuidad de la situación mísera y degradante en la que se hace arte en nuestra Argentina.
Servir es valer, ser útil para determinado fin – el valor de la poesía, su utilidad y esta ¿en qué sentido? ¿para qué es útil? Un destornillador es útil, pero si tengo que quitar un clavo de una tabla, seguramente me va a resultar inútil -. Servir también es poner la pelota en juego, y es quizás dable pensar en esta última definición. “El juego en que andamos”, dice bien Juan Gelman. Esta posibilidad de “andar en juego”, de servir la palabra para su devolución y que ese ida y vuelta permita el juego, para ganar claro, aún cuando no esté bien definido quien vence y en todo caso, ¿a quién le importa?
También pensaba en aquello que Roland Barthes sentenciaba a modo de definición, de descripción y quizás de sino: los escritores eternamente estarán tratando de responder a dos preguntas claves: ¿Por qué te amo? ¿Por qué le tengo miedo a la muerte?
Y entonces si estos fueran los definitivos temas y no hubiera nada mas sobre lo que escribir, o mejor dicho, si todos los temas condujeran a responder estas dos inquisiciones, si todas las palabras conformaran las flechas, el arco, el blanco e incluso la tensión de la cuerda y la decisión tras haber apuntado para responder aquellas preguntas barthesianas, no podemos dejar de pensar en que claramente aquello de servir en este siglo, en el anterior y en cada uno de los milenios que nos precedieron se responde solito y sin mas ayuda.
Creo firmemente que la poesía está más cerca de la filosofía y, dentro de esta, de la ontología que de la literatura, en un sitial de fundamental importancia a la hora de indagar – sobre todo – en la segunda de aquellas preguntas de Barthes.
Y entonces, a la pregunta inicial, debemos decir que sí, que hasta tanto no tengamos las respuestas estamos obligados a seguir buscándolas, y de qué mejor manera que hacerlo a través de cada una de las poéticas que nos habitan y nos habitarán, conformando la propia. La mejor manera de servir a estos fines humanos de indudable trascendencia, es a través de la poesía. En ese juego andamos aquellos que vivimos con la esperanza, los que soñamos despiertos, mientras el mundo parece intentar que el ser humano deje de serlo, cambie su condición para deshumanizarse y simplemente estar.
En la presentación del libro de Nilda Barba “¿Por qué me gusta tanto?”, poeta porteña que fuera también editada por Vela al Viento, otra poeta, Carina Paz, que acompañaba a la autora, traía una anécdota que me pareció debía compartir con ustedes hoy.
Contaba Carina que cierta vez en una cena entre amigos y en su casa, le preguntaron a un tan olvidado como excelente poeta, Joaquín Giannuzzi, qué era la poesía.
Gianuzzi observó que en el centro de la mesa había un arreglo floral. Tomó una rosa de allí y se la acercó a quien hacía la pregunta y le respondió con otra pregunta. Le dijo: ¿te gusta?. El inquisidor respondió “si, claro”. Gianuzzi volvió a preguntar, “¿por qué te gusta?”. El otro respondió “porque tiene un color rojo hermoso y su aroma es increíble y…” Gianuzzi lo interrumpió y le dijo: “no, no te pedí que me la describas sino que me dijeras por qué te gusta la rosa”. El otro dijo: “no, no sé”. Gianuzzi sonrió, volvió a hacerse hacia atrás en su silla y le dijo: “eso es poesía”.
Muchas gracias Ernesto, por confiar en Bogavante para la edición de Sueños y Recuerdos, muchas gracias a todos por acompañar esta presentación, y a los organizadores de este acto por la atención y disposición del personal municipal de la Biblioteca Asencio Abeijón en la persona de Ismaela López. Nuevamente muchas gracias.

Figura asomada a la ventana

(Presentación del libro de Claudia Zárate, “Poeta de Sueños” (poemas, Bogavante Poesía, Comodoro Rivadavia, 2007) 26 de Abril de 2007, en el CEPTUR de Comodoro Rivadavia)

En principio quería agradecer la disposición y buena voluntad de los empleados municipales que tienen a su cargo el CEPTUR y que nos permiten estar aquí hoy. También un especial agradecimiento a José Luis Villarroel, quien nos brinda la asistencia técnica en el sonido que respondió solícitamente a un llamado de última hora y que nos permite hacernos oír.
Y en un apartado a la presentación quiero decir que nos acompaña para hablar del libro “Poeta de Sueños” el escritor Ernesto Allende, quien ha decidido apartarse de la presidencia de la Biblioteca Darío Hugo Fernández del Barrio San Martín tras quince años de denodada labor, de múltiples alegrías y unos cuantos sinsabores y tristezas. Seguramente coincideran conmigo en reconocer su trabajo y valoremos su esfuerzo y ejemplo con nuestro mejor aplauso.
Todos los libros tienen una historia atrás, además de las que muestra en su interior. Una historia que está debajo de la solapa, una historia que no se conoce y que muchas veces queda subordinada y olvidada detrás de la alegría que implica la aparición de un libro, sobre todo si se trata de un libro patagónico y ni que hablar si además es comodorense y que significa el primero de una escritora que así se presenta ante el público.
Siempre estas historias hablan del sacrificio que implica el hacer en estas tierras, como el labrar la greda hasta el hastío, siempre cuentan sobre las dificultades sorteadas y a sortear. No es fácil este oficio del escribir, no es nada fácil lograr que la gente se interese, ingrese al libro de poemas y se conmueva, no es nada fácil proponerse el llegar a la gente con palabras sencillas y desde el corazón, como es lo que pretende Claudia Zárate, sobre todo porque ha elegido y como en toda elección hay un montón de opciones que han quedado de lado, entre ellas la academia y los rótulos y etiquetas que caerán aún cuando pase el tiempo sobre los textos. Pero eso será materia de otro análisis, el que se pretende hacer desde algunos claustros donde hay formas y catálogos, influencias y estanterías, pero donde generalmente se olvida o no se permite sentir o vibrar, emocionarse y asombrarse con un texto. Quiero decir que Claudia ha elegido un camino claro y definido para comenzar: llegar a la gente con lo que tiene que decir y es claro su destinatario.
Y no sería esto posible si en esta travesía no tuviera a su lado a Lorenzo, su marido, quien ha apoyado sin reparos, con sinceridad, y sobre todo con amor, el nacimiento de este libro. Pero la historia que me ocupa es otra, es la de la tapa del libro. “Poeta de sueños” llegó a mis manos sin tapa. No tenía ninguna imagen previa, ni alguna que la autora hubiera pensado para ilustrar y presentar sus poemas. Coincidió con la llegada del libro que estaba yo buscando imágenes para otro proyecto editorial, mientras editaba los poemas de Claudia. Cuando terminé de leerlo y de prepararlo para ser impreso y absolutamente de casualidad, llegó a mis manos un libro con fotos de cuadros de Salvador Dalí, ese genial artista español, quizás ícono del surrealismo en las artes plásticas. Había varias opciones, sobre todo porque la figura femenina habita la obra de Dalí, pero éste cuadro en particular, que se llama “Figura asomada a la ventana” de 1925, es particularmente una de las mas sencillas de este enorme pintor, digo sencillas para quien como yo, es un semi analfabeto en estas lides.
Entre las cuatro o cinco opciones presentadas a Claudia, ella sin dudar eligió la que Uds. pueden ver ahora publicada como tapa del libro. Nunca me dijo por qué la había elegido pero lo hizo de una manera clara y contundente.
Mientras armaba la tapa comencé a pensar y tratar de entender el por qué de la elección y entonces volví a leer su poemario, ya por quinta o sexta vez. Y era clarísimo. La figura asomada a la ventana es la de una mujer sola, contemplando con tranquilidad hacia fuera, como esperando la llegada de alguien y que justamente refleja en uno de los poemas en el interior, pero también puede verse en la imagen de esa ventana un cerro que divide cielo y mar, tan presentes en la poética de todo autor patagónico. Esas inmensidades que parecen rodearlo todo, cielo arriba, el mar donde la meseta no llega y de lo contrario todo el desierto, todo ese desierto que no es tal y que a veces parece estar en silencio como la noche, y solo hay que saber escuchar el dictado interno, la fibra que vibra.
Claudia Zárate escribe mirando por la ventana, que curiosamente es de una sola ala, pero se trata de una ventana que abre hacia fuera o bien hacia adentro, y como en el cuadro de Dalí las cortinas están corridas, están allí, pero no las usa ni para velar la luz, ni para ocultar lo que sucede puertas adentro o quizás ventanas adentro de su casa.
El cuadro ofrece equidistancia y equilibrio entre el cielo y el mar que separa ese cerro, y la figura asomada a la ventana levanta el pie derecho para mirar. Y esto es también toda una analogía. Esta posibilidad de escribir con un pie apoyado en el piso de su casa, un pie a tierra, ese contacto con la cotidianidad necesario para contar su tiempo y realidad, el pie izquierdo del lado donde está el corazón, y el otro, curiosamente el derecho, el lado de la creatividad, el lado donde se ubica la lapicera en el aire, volando, creando.
La poesía no es un arte menor, ni un género “cenicienta” como algunos pretenden, ni está en extinción. La poesía está mas cerca de la ontología o la filosofía que de la literatura, y en esta zona nos encontramos, cuando nos lo permitimos, más humanos, más cercanos.
El poeta Raúl Gustavo Aguirre decía que “la palabra es el elemento más complejo que existe para la creación, puesto que no sólo se comporta en su polivalencia de sonido, imagen y concepto, sino que a la vez está imbuida del curso de la sangre a través de las edades, y permanecen en ella las formas larvales de los hábitos, resquicios, sedimentos, formas mnemónicas, convenciones, tabúes y secuencias imponderables e impredecibles que hacen de ella el más impuro, el más complicado y, a la vez, el mas rico de los elementos que puede encontrar un creador”, y agrega que “el poema es el acto más difícil de que es capaz el hombre. Ninguna forma de creación requiere como él de la presencia absoluta. Ninguna otra forma de creación requiere como él del dominio de tantas alternativas”.
Y allí entonces, Claudia Zárate, con su libro “Poeta de sueños” sumida en el dominio de alternativas y con la palabra como el elemento elegido para la creación, levantando su pie derecho y mirando por la ventana. Creo que entendí por qué eligió este cuadro y no otro.
Gracias, Claudia, por elegir a Bogavante para editar tu libro y que vengan muchos más.

La Idiocracia

(Presentación del libro de Ernesto Allende, 30 de Marzo de 2007, en el CEPTUR de Comodoro Rivadavia)

Tenía pensado hablar de otra cosa hoy en la presentación del libro de Ernesto. Había decidido no pasar el chivo de la editorial por sugerencia de Jorge Giallorenzi en la reunión de ayer. Había pensado en destacar que toda publicación de un libro – sobre todo de poesía – debe ser una fiesta y como tal, disfrutarse. Había pensado en tratar de que el público presente hiciera algún tipo de paréntesis para pensar en por qué se edita poesía hoy, en un mundo que parece mas virtual que real. Quería saber si es cierto que la gente no lee poesía, si es cierto que se edita más de lo que se lee, si se escribe aún mas de lo que se edita, si es cierto que es la cenicienta de la literatura, si es cierto – como algunos dicen – que se nos muere en las mesas de saldos de las librerías, si acaso es, como creo, un pariente mas cercano de la filosofía o de la ontología que de la literatura. Pretendía que, con las líneas que había escrito, pudiéramos al menos pensar si es posible que la poesía pueda ser catalogada. No faltará quien hable de “poesía barrial” seguramente, o de cualquier otro rótulo, como si a la poesía le hicieran falta las estanterías de la academia o como si no fuera un arte y habláramos de fideos o cortes de carne. Quizás sea de humanos hacerlo, quizás sea una forma de poder contar y compartir o de entenderla y aprehenderla, pero es claro que a la poesía difícilmente le caigan bien las etiquetas. Con el correr de los ojos sobre el libro aparecerán – seguramente – las distintas miradas sobre los versos, sobre las palabras como lo comentábamos hace unos días con el propio Ernesto: esa multiplicidad de lecturas que hacen que haya tantos “Sueños y Recuerdos” como ojos lectores se posen sobre él. Hubiera querido contar mi experiencia en el Festival Internacional de Poesía de Rosario donde pude escuchar a poetas de Uruguay, Brasil, Cuba, Inglaterra, Austria, Bulgaria, España y obviamente de distintos puntos de nuestro país, y que remiten a esto justamente: Uno puede escuchar las mejores voces del planeta, puede escuchar los poemas mejor escritos del mundo, puede admirar las técnicas y recursos del idioma – incluso en los extranjeros – pero sin lugar a dudas hay una fibra interior que vibra cuando se está frente a la poesía en serio, poesía que moviliza, poesía que transmite, poesía en la que el poeta se expone y deja jirones de su piel en ella. Esa es la prueba de fuego. Eso que se siente muy adentro de uno, ese verso que dispara directamente al centro de uno, esa palabra que remite a un beso, a una mirada, a los movimientos del alma, a los latidos y a las ideas, eso que nos mueve es poesía.
Claro está que las noticias de este ataque artero y detestable contra la Biblioteca del Barrio San Martín, creada por Allende, cambiaron el tono, el tema y todo lo que uno podría decir en condiciones normales. Ayer pasé por un local donde alquilan DVDs - ¿Cómo se llaman? Antes eran videoclubes y ahora? Dividiclubes? – Allí se promocionaba una película llamada La idiocracia. No la vi, pero enseguida me hizo pensar y elucubrar sobre este, nuestro tiempo. Seguramente han sonado los ringtones, seguramente la mayoría tenemos celular, muchos lo tienen encendido, un cierto aire de consumo nos lleva a cambiar nuestros electrodomésticos, nuestra forma de escuchar música, nuestra forma de vestir, nuestra forma de hablar y comunicarnos. Mas lejos pero globalizados. Gente del barrio que se comunica por e-mail, amigos que se juntan en el chat, solos que olvidan lo que provoca un beso o un abrazo, las caricias que se enfrían en la falta de costumbre, y entonces el archipiélago de humanos se idiotiza con un tv de 29 pulgadas y se deja gobernar por los mismos de hace 20 años atrás, pero reciclados. La idiocracia: los idiotas útiles al poder.
Esta lejanía es a la que Allende se enfrenta con la Biblioteca, es a esta desinformación a la que pretende aniquilar, es en esa trinchera donde se cargan las armas más justas.
Y entonces aparecieron ante mí un sinfín de recuerdos con Ernesto como protagonista. Memoria de pequeñas batallas: La inauguración del local de SADE allá por el 96 en la calle Rivadavia, el Congreso de Escritores del 97, el viaje a Aysén para un encuentro de escritores, la presentación de la revista Bardo en la Biblioteca, donde me acompañara Leslie Burón con su prodigiosa guitarra – me acuerdo que fuimos por un ratito y al final nos quedamos como dos horas hablando de música y de poesía -, y después su lucha denodada para mantenerla funcionando, para que la Darío Fernández tuviera la participación de los vecinos, para llevar los libros a cada casa.
Hoy veía las fotos de cenizas y me puse en campaña para juntar los libros que traje, que no son muchos, pero en su mayoría son libros de autores patagónicos, y los que no lo son pertenecen a ediciones independientes, de esos que no se consiguen en las librerías porteñas, ni en las cadenas de librerías con nombre de mujer. También hablé con algunos amigos y ya existe el compromiso de varios de ellos – ligados a librerías, distribuidoras, editoriales y medios gráficos – para hacernos llegar material para la Biblioteca.
Hoy veía las fotos de cenizas y cuando empecé a recibir estas respuestas pensé en que la lucha de Ernesto por mantener viva la Biblioteca solo puede estar fundada en su amor por los libros, en un profundo compromiso con su gente, en el convencimiento de que la solución está en los libros y no en el ojo por ojo, y en su tozudez.
Hoy veía las fotos de cenizas y ahora veo a “Sueños y Recuerdos” como una simiente de luz.
No afloje Ernesto, sus amigos y los que sabemos de que se trata somos tan tozudos como Usted y estamos de su lado.
Bienvenido “Sueños y Recuerdos”.

domingo, 10 de septiembre de 2006

Rubén Eduardo Gómez - Datos personales

Nació en Comodoro Rivadavia, Chubut, Patagonia Argentina, el 14 de Noviembre de 1965. 
Tiene tres hijos Mateo Lautaro (1999), Mauro Lisandro (2001) y Lorenzo Tomás (2005). 
Vive en su ciudad natal.
Libros publicados: 
El Pecado de soñar, Poesía, Editorial Filofalsía, Buenos Aires, 1988 en colaboración con Andrés Cursaro; 
Géiser, Poesía, Editorial Filofalsía, Buenos Aires, 1990; 
Siega, Poesía, Editorial Bogavante / Bizarra, Comodoro Rivadavia, 2004;
Libro del Ojo, Poesía, Editorial La luna que, Buenos Aires, 2004; 
Lo que son las cosas, Poesía, Vela al Viento Ediciones Patagónicas, Comodoro Rivadavia, 2009 
y Horas ahora, Poesía, Vela al Viento Ediciones Patagónicas, Comodoro Rivadavia, 2013.
Premios y distinciones: 
Segunda Mención en el Certamen Literario Regional de Poesía de la Sexta Feria del Libro de Rada Tilly, Chubut, 1997; 
Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía Neruda 98, Revista Arlequín, Buenos Aires, 1998;
Tercer Premio en el Concurso Binacional Literario de Poesía por su poemario “Sastres del ojo”, realizado en Coyhaique, Chile, 1998; 
Primer Premio del Concurso Literario Aniversario de Canal 9 de Comodoro Rivadavia, 1999; 
Es elegido por sus conciudadanos como uno de los “Cien Ciudadanos Notables” de Comodoro Rivadavia, en el marco del Centenario de la ciudad, 2001, iniciativa de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y el diario El Patagónico; 
Mención en el Concurso de la Sociedad Argentina de Escritores, Seccional Comodoro Rivadavia, 2002; 
Primer Premio en el Concurso Literario 102° Aniversario de Comodoro Rivadavia, género Cuento, 2003; 
Mención en el I Concurso de Cuento de la Patagonia Sur, que contó como jurado con Ester de Izaguirre, Antonio Dal Masetto y Jorge Vilardo. 2004; 
Primera Mención de Honor en el VIII Concurso Internacional Organizado por la Biblioteca Popular Pbro Raúl Entraigas de la Asociación Agrícola Ganadera de Villalonga y Fogón Literario "Cómplices de Sueños" 2007