domingo, 14 de abril de 2013

Crónica de un regreso a Puerto Deseado

A veces, cuando uno viaja a un lugar donde ya ha estado en otros tiempos, suele recordar lugares, momentos, espacios, rostros, calles, árboles y cielos que han dejado huellas en uno. Quiero escribir ahora, ya, antes de que esas huellas desaparezcan detrás de las nuevas, las del próximo viaje, las que los días sucesivos dejarán en mí.
Volver a Puerto Deseado era también volver a hacer viajes que estaban en mi memoria desde hace mucho tiempo, anudados a distintas épocas que lejos estaban de los libros y las Ferias o los Encuentros con escritores.
El colectivo pasó por esa ría maravillosa nomás al entrar en la ciudad a la que encontré bella, conservando lugares que aún persisten y resisten el paso del tiempo. Hay negocios que han cerrado, hay casas de piedra, hay edificios de chapa, hay sitios que tienen más años que Comodoro, lugares que deberían preservarse de alguna manera y que no sé cuál es, quizá como monumentos históricos de Deseado, de la Patagonia y de Argentina, por supuesto.
Decidí hospedarme en el Hotel Los Acantilados para estar cerquísima de la ría, y ahí estaba, a pasitos de ella, y después de desensillar lo primero que hice fue tomarme un café frente a ese azul atlántico, tan en paz como si supiera que era lo que yo necesitaba también, revivirla así, estamparla en los ojos con la misma imagen que el yo regresante tenía de ella, así de azul y bella, así.
Después llegaron los queridos Carlos Ferrari y Norberto y todas sus atenciones y cuidados. ¡Qué bien que hace encontrarse con gente que ama a los libros! Me llevaron hasta la Feria en el Instituto María Auxiliadora y allí me encontré con muchos niños y sus docentes recorriéndola y mirándolo todo, con los ojos grandes de asombro y avidez. En la Feria hay cuadros, fotos y mapas, dibujos, historietas, una muestra de la cultura mapuche tehuelche y los libros, claro. Hay un stand de la Biblioteca Popular y Municipal Florentino Ameghino y allí están los libros de Vela al Viento. Por supuesto que en un sitio preferencial está el libro de Leoncio Deodat, La captura de la tribu del cacique Orkeke, claro que sí, porque es un libro muy esperado, muy importante, que yo creo fundacional por todo lo que seguramente tendrá detrás, porque será material de consulta, porque permitirá nuevas investigaciones, porque allí el autor muestra estilo y cuidado con la palabra, porque hay datos importantísimos para comprender nuestra historia y porque además quedó muy bellamente editado. Todo eso enorgullece. ¿Por qué será que desde hace rato no puedo dejar de sonreír?
Carlos Ferrari y Lucía abren su casa para el almuerzo. Pienso en que no todas las casas son hogares, pienso que ellos tienen un hogar en Puerto Deseado, que su hogar está habitado por cada una de las cosas y a cada pregunta siempre hay una respuesta que remite a un recuerdo.
La enredadera de ese hogar está plagada de sol y abejas en un patio que es como un panal. Tomamos unos mates allí con Carlos, Norberto y Cristina y las abejas nos revolotean mientras descubro un bello manzano cargado y prometedor.
Después conozco la increíble Biblioteca Popular y Municipal Florentino Ameghino, su magnífico edificio, el maravilloso material que tienen allí y dan ganas de quedarse a iniciar descubrimientos y a iluminar las sombras de mi desconocimiento que siempre son muchas. La tarea del voluntariado hace que me emocione conocer tantas cosas que han hecho a pulmón, tantas cosas que merecerían un libro contando anécdotas, esfuerzos, alegrías y tristezas, logros y fracasos, pero siempre dando pasos hacia adelante y para la comunidad, para los vecinos, para Deseado y su gente, sobre todo para los que vendrán.
Y los encuentros, claro que sí, reencontrarme con Mario Pazos y Susana siempre es una alegría. Nos ponemos al día casi enseguida y planificamos siempre el próximo asado. Nos queda a los dos el silencio que la muerte del escritor Arnulfo Basanta, tan reciente, tan sorpresiva, nos dejó como una foto recortada.
Y enseguida el abrazo con Norberto Miranda, ese voluntario de la Biblioteca Popular Aimé Painé de Pico Truncado, organizadores de la Feria del Libro de aquella localidad, que viene a conversar con sus colegas para seguir creciendo. La Feria de Pico Truncado este año cumple 15 años y hay que festejar.
Por la noche nos encontramos en el Café Literario que se hace todos los meses en Puerto Deseado y que se mudó a la Feria. Noto el respeto que hay en la audiencia mientras se lee y también lo hace notar Mario Dos Santos Lópes. El clima es distendido. Hay lecturas de trabajos propios, pero también hay quienes comparten textos de otros autores, entonces también están presentes Galeano, Spinetta, Roldán y otros. Un grupo de rock acompaña las empanadas y las tortas. Sigo con esta sonrisa que parece indeleble.
Descanso en el Hotel. No hay ruidos. No hay puertas que se golpean, ni gente caminando por el pasillo, ni risotadas, nada que pueda irrumpir en mi sueño. Parece que estuviera solamente yo alojado en el hotel. Duermo plácidamente, como cuando visité por primera vez Puerto Deseado.
Por la mañana del sábado, desayuno con la ría bañada por el sol, mostrándome todos sus encantos. Cualquiera diría que está intentando seducirme para que me quede más tiempo, como si no hubiera decidido quedarme un poquito más. Nos reunimos en la Biblioteca en una charla muy enriquecedora. Creo que todos aprendimos algo nuevo de esta charla.
"Las despedidas son esos dolores dulces" dice la canción del Indio Solari, vaya si no. Despedirse de cada uno de los que conocí, de los que reencontré provoca ese dolorcito que invita a tener que volver, a tener que procurar el reencuentro, favorecerlo, asistirlo, hacer que se produzca y pronto.
Gracias por todo eso, Puerto Deseado y su gente. Gracias Biblioteca Popular y Municipal Florentino Ameghino, por hacerme socio de la alegría de la lectura y la promoción del libro como instrumento de conocimiento pero también de afecto y de lazos de amistad. Infinitamente agradecido.

viernes, 29 de marzo de 2013

Leoncio Deodat: Descubridor de Historias

Así se llama el nuevo libro de Historia Regional publicado por nuestra Editorial, nuestro título Nº 53.
La Biblioteca Popular y Municipal Florentino Ameghino de Puerto Deseado decidió reeditar en este libro uno completo del historiador Leoncio Deodat, "La captura de la tribu del Cacique Orkeke", que fue publicado en 1937, y junto con él diversos artículos y resúmenes  de trabajos de Deodat.
Leoncio Deodat nació en 1883; se recibió de Contador Público en la entonces Escuela Superior de Comercio (actualmente Facultad de Ciencias Económicas). Trabajó en la administración de los Ferrocarriles del Estado, hasta su jubilación, en Formosa, Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado, Santa Fe y San Antonio Oeste. Deodat fue un estudioso de la geografía patagónica en general, apasionado de sus costas, sus navegantes y sus misterios. En esos minuciosos estudios, que siempre trató de corroborar hasta el último detalle, descubrió paraderos indígenas, sitios históricos mencionados en antiguos escritos, y las ruinas de la Real Compañía de Pesca en Puerto Deseado. Esas investigaciones fueron reconocidas por el Gobierno Nacional y premiadas por la Comisión de Cultura, que consideró las ruinas como "Patrimonio Nacional". Durante muchos años colaboró en temas de su especialidad en la revista Argentina Austral, la publicación ferroviaria Riel y Fomento, y otras publicaciones latinoamericanas. Fue un destacado colaborador permanente del semanario deseadense El Orden.
En el prólogo, Deodat dice:
"Mientras recuerdo una frase de del Valle Iberlucea dicha en presencia del Senado conjurado contra él: "La cultura de la frase no está reñida con la energía del concepto", escribo, una vez más, sobre cosas añejas de Puerto Deseado con sabor de actualidad.
No lo hago, por supuesto, con miras al bronce estatuario, ni menos halagado por la perspectiva de un suculento provecho inmediato. No trafico con la pluma para vivir hoy en paz con Dios después de haber adulado al Diablo. En el lento desfilar de los años observo con honda tristeza a quienes gustan del placer de ejecutar piruetas de funámbulo en equilibrios oportunistas, para besar a la postre la mano del amo que les castiga.
Tampoco pretendo satisfacer a cuantas personas se dignen leerme, sea para zaherirme, bien para aplaudirme. A los primeros opongo el amparo de Alberdi: "El barro que se me arroje caerá sobre mis hombros como la lluvia sobre el mármol, para blanquearlo", y el pavés de Justo: "Estoy acorazado contra la injuria". A los segundos ofrezco la luminosa sonrisa del agradecido.
No hago de la befa y el escarnio "mutualidad de yunta y compañero" (Almafuerte). A los espíritus enclenques y a las mentes torvas, el goce histérico de la cizaña. Cuando escribo no me perturba la malquerencia, pues acostumbro decir lo que siento y lo que pienso al margen de las opiniones de mi vecino. No escribo por conveniencias del momento sino por placer.
Trato de ser útil, sin exigir recompensa, a esta porción geográfica argentina conocida en la historia con el nombre de Patagonia. Utilizo la pluma porque no se manejar la tijera del esquilador, la pala del hortelano, el cubilete del afecto al "cacho"; ni he aprendido a correr detrás de alguna triquiñuela burocrática o leguleya para despojar a alguien de un lote de suelo pedregoso cerca de alguna aguada, o enriquecer con celos de catador a los aprovechados dueños de mesones.
Distraigo mis ocios escribiendo, o pretendiendo escribir. Busco siempre, incorregible desliz de mi escasa cultura intelectual, en el saber cuanto adolezca el propio. Y si alguna vez necesito de alguna autoridad o testimonio donde cobijarme, no indago si su nombre aparece en letras de molde en alguna hagiografía, o si se halla subrayado en el Index. El mismo respeto me merece un Saint-Victor –uno de los más puros escritores laicos de Francia– que un Saint-Simón, el utópico socialista francés de la primera mitad del siglo XIX y compañero de Fourier, Proudhon y Luis Blanc. Los apellidos son independientes de las ideas y de los sentimientos.
El conocimiento de la Historia no es patrimonio exclusivo de los individuos de determinada clase social. Para algunos, la Historia es una sucesión de impresiones fotográficas; para otros, un excelente pretexto para dar cierto brillo bituminoso al patronímico cuyo origen buscase siempre en la nobleza y jamás en los campos, en las cárceles o en las fábricas; para otros, estridencia de clarines y retumbar de cañones; y para los menos, una ciencia útil que enseña las leyes que rigen la vida de las sociedades humanas a partir de la época en que el hombre convirtió a un guijarro en arma de combate.
Porque tengo anhelos para el porvenir de Patagonia –que un día me recibió hosca y huraña, y triste me verá partir–, interrogo a su ayer. Porque en él no descubro seres de mitología o héroes de ocasión; porque sé que encierra lágrimas, odios y sangre de hombres del pueblo con quienes no me unen presuntos o reales vínculos de familia, indago y escribo. Y lo hago con la absoluta libertad propia de un hombre falto de lazos familiares en el pasado, de intereses de grupo, o prejuicios sociales.
Si, en consecuencia, la búsqueda de antecedentes por un lado y la curiosidad por otro, trajeron en feliz consorcio y como lógico resultado el hallazgo de acontecimientos poco o mal conocidos; un mejor conocimiento de la geografía histórica de nuestro litoral marítimo; el descubrimiento de sucesos al margen del desenvolvimiento económico y social de la nueva Patagonia; una más exacta visión de conjunto que fue y es preciso extraer a la letra amarillenta de coloniales papeles de oficio y de libros que se hallan al reparo de los traidores zarpazos de hombres felinos, para dar tema a mi pluma, siempre han de constituir, no lo dudo, un reactivo espiritual para el lector grato dispuesto al aplauso que reconforta, como al otro insatisfecho y hosco, amante de la befa y de la diatriba, que si no halaga, estimula. Y así, en trance de ofrecer a ambos la oportunidad de excitar su celo con el frenético batir de las manos o con la burla solapada sin arte e ingenio que mancha de negro la albura del papel, escribo una vez más, repito, sobre cosas añejas de Puerto Deseado, con sabor de actualidad.
Por la fuerza imperativa de la costumbre y exigirlo la lealtad y honradez con que escribo, pongo mi firma al pie. Me subleva la cobardía del anónimo como no me es simpático el disfraz del seudónimo. Así cargaré públicamente con la giba agobiadora de mis yerros.
Voy a ofreceros, pues, la impresión fotográfica de un oscuro episodio de la Campaña del Desierto que se inició muy cerca de donde moráis, deseadenses amigos y desafectos, hacen ya cincuenta y tres años cabales. En vuestras manos queda."
 
El aporte histórico de este libro es indudablemente trascendental y nos enorgullece haberlo editado.

viernes, 22 de marzo de 2013

¿Qué es la poesía?

Con motivo de la celebración del Día Mundial de la Poesía, fuimos convocados a participar de una mesa debate llamada "Hablemos de Poesía - Verso a Verso", por la Municipalidad de Comodoro Rivadavia, Majó Abeijón, Susana Medrano y Rubén Gómez.
Comparto la ponencia que escribí y leí en el momento en que me tocó hacerlo:
"Agradezco la posibilidad de integrar esta mesa y, sobre todo, agradezco la confianza que depositaron en mi creyendo que podría aportar algo en un panel y para hablar de poesía. Seguramente aprenderé mucho hoy.
Lo primero que llega a mi cabeza es una pregunta: ¿por qué a mí? Todavía no lo sé.
Lo que sigue a esa pregunta son más y más preguntas y sobre todo una: ¿qué es la poesía?
No me lo pregunté muchas veces pero sí unas cuantas. Hoy volví a preguntarme y me encuentro como antes, como en otros tiempos, sin casi certezas. También escuché a algunos poetas intentar definirla y también leí algunos bosquejos de enunciación sobre lo que para cada uno de ellos es la poesía. Pero me acordé de una en particular, de Bécquer que, en forma de poema, decía:
“¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.”
Pero inmediatamente descarté esta definición puesto que jamás he clavado mi pupila en la suya y no tengo pupila azul, por lo que seguramente se refería a alguien más. Busqué durante algún tiempo, personas con pupilas azules a las que les preguntaba si alguna vez habían clavado las mismas en la pupila de Becquer. De más está decir que he recibido un sinfín de respuestas pero ninguna que venga al caso que nos atañe esta noche.
¿Qué es la poesía?
En la poesía el hombre se une a los fundamentos de su existencia. Ser humano es ser una conversación”, decía Heidegger. Y muchas veces me animé a decir que la poesía no es un género literario, que no es literatura, justamente por esto de lo que habla tan bien Heidegger. Quizás esté en algún lugar entre la metafísica y la ontología, más cerca de la filosofía que de la literatura, más cerca del conocimiento que de la ficción, y más. Tal vez en el lugar de una ciencia o de un arte, o de la intersección de la ciencia y el arte que implique el asombro por el ser y por el estar en un no-tiempo. Porque la poesía es, sin pasado, sin futuro, la poesía es.
¿Qué es la poesía?
Dijo alguna vez Vicente Huidobro que “la poesía es revelación, es vida en esencia, es el universo que se pone de pie. En realidad, la poesía nos hace ver todo como nuevo, como recién nacido, porque ella es descubrimiento, iluminación del mundo. Cuando sentimos que nos salen alas en la garganta y que todo nuestro cuerpo tiembla, estamos en presencia de la poesía. La poesía da vida a la muerte y más vida a la vida. La poesía es la vida de la vida, por eso podemos decir que es el juego de la vida y de la muerte. La poesía siente más que nada el destino del hombre, y cuando creéis que está cantando, ella está llorando la libertad que es el paraíso perdido o, mejor dicho, el paraíso nunca hallado del ser humano”.
Revelación, iluminación, vida, cantando, libertad, paraíso y ser, todo eso es la poesía y más. La poesía es, más allá del poeta. Está en el canto porque es canto. Tanto hay de música y ritmo en la poesía, tanto hay de ella en la música.
¿Qué es la poesía?
Alguna vez ya conté la anécdota, pero me acordé. La querida poeta Carina Paz me contó que en una cena entre amigos y en su casa, le preguntaron a un tan olvidado como excelente poeta, Joaquín Giannuzzi, qué era la poesía. Gianuzzi observó que en el centro de la mesa había un arreglo floral. Tomó una rosa de allí y se la acercó a quien hacía la pregunta y le respondió con otra pregunta. Le dijo: ¿te gusta?. El inquisidor respondió “si, claro”. Gianuzzi volvió a preguntar, “¿por qué te gusta?”. El otro respondió “porque tiene un color rojo hermoso y su aroma es increíble y…” Gianuzzi lo interrumpió y le dijo: “no, no te pedí que me la describas sino que me dijeras por qué te gusta la rosa”. El otro dijo: “no, no sé”. Gianuzzi sonrió, volvió a hacerse hacia atrás en su silla y le dijo: “eso es poesía”.
¿Qué es la poesía?
Es todo eso y más. Estoy convencido de que la poesía nos habita y está en cada paso que damos sin brújula en el mundo, en cada segundo que no medimos, en cada suspiro que dejamos ser. Todos hemos sido capaces de observar un hecho poético: un yuyo floreciendo en el resquicio que dejan dos baldosas en la vereda, un reflejo del sol sobre la mesa dibujando brillos y formas, una sombra bailando bajo una lluvia torrencial, un color sin descripción sin nombre. Todos hemos sido capaces de expresarnos poéticamente en algún momento, todos dijimos bellamente algo que queríamos decir y casi sin esfuerzo, todos vivimos con ella en los ojos, en los oídos o en la lengua.
Me vuelvo a preguntar ¿qué es la poesía?
Me digo que yo sé cuando estoy en presencia de la poesía, pero ¿qué es la poesía?
Todavía no lo sé.
Muchas gracias."

martes, 19 de marzo de 2013

Hablemos de Poesía, este Jueves 21/03


Hablemos de Poesía
En el Día Mundial de la Poesía, los invitamos a la Mesa-debate
"Verso a verso" con Susana Medrano, Rubén Gómez, Luciana Mellado y
María José Abeijón, el Jueves 21 de marzo a las 20 hs. en el CEPTur,
Avda. H. Yrigoyen y Moreno de Comodoro Rivadavia.
Esperamos contar con su presencia.


lunes, 24 de diciembre de 2012

El libro es encuentro y reencuentro

Carlos se fue a Brasil hace 27 años, en una época en la que no teníamos internet ni celulares. Sí, para muchos parece increíble que hubiera una era sin web ni sms, pero sobrevivíamos igual gracias a las cartas, los telegramas y la operadora para larga distancia. Carlos formó allí una familia con su mujer, cinco hijos y una nieta. En los primeros tiempos se comunicaba con su madre vía el correo y teléfono, pero sucesivas mudanzas hicieron que ese contacto desapareciera. No había forma de ubicarse y aunque algunos dudaban, los dos sabían que el otro vivía, no me pregunten por qué.
El pasado 6 de diciembre, Mita Oroz (nacida en Pampa Kamkel hace 80 años), madre de Carlos presentó su libro "Tristezas, broncas y amores" editado por nuestra Vela al Viento, y casi inmediatamente subí las palabras que escribí ad hoc ese día, sin otro ánimo que compartir la alegría de la aparición de un nuevo libro de poemas en Comodoro Rivadavia.
El día 21 recibí un mail de Carlos diciéndome que era el hijo de Mita, que le gustaría volver a comunicarse, que se habían perdido en la niebla de la distancia pero que no se habían olvidado y si yo podría ayudarlo a reencontrarse con su madre. Simplemente me limité a manifestarle lo que Mita me había comentado y a pasarle el teléfono celular de su madre para que se encuentren, le dije que lo mejor era que fuera él mismo quien la llamara para darle esa alegría.
El día 22 me llamó Mita y me contó con una felicidad indescriptible en su tono de voz, que esa mañana habían estado chateando con su hijo, gracias a que una nieta en Comodoro y otra en Brasil tenían forma de comunicarse entre sí, y que quería compartir esa alegría conmigo.

Tantas veces le hemos dado al libro la cualidad de ser vehículo de educación, cultura, amistad, afecto, y sin embargo muy pocas le damos al libro esta de ser reencuentro, amor y felicidad.
Quise compartir esta historia con ustedes, amigos que nos han acompañado en la vida, en el trabajo, en la poesía, en los libros, porque la historia nos deja ese mensaje esperanzador para el año que llega, un mensaje de felicidad por el reencuentro, alegría por compartir, y amor aun cuando las distancias se empeñen en posponer los abrazos.
Mucha Alegría para todos y que sea el 2013 un año en el que los sueños por los que hemos trabajado transformándolos en metas, se cumplan felizmente. Ese es mi deseo.

 
Rubén Eduardo Gómez
Director General
Vela al Viento
Ediciones Patagónicas
Comodoro Rivadavia
Chubut - Patagonia Argentina


viernes, 7 de diciembre de 2012

Tristezas, broncas y amores, de Mita Oroz - Presentación


Los libros tienen hilos invisibles que nos llevan a otros libros, a otra poesía, a otras ideas, a otras comarcas, a nuevos amigos, y en cada nuevo libro, nueva poesía otra, nuevas ideas otras, nuevas comarcas otras, y a su vez, a otros libros y así, como en una interminable telaraña. No es posible evitarlo.

Los libros tienen esos hilos invisibles que nos permiten dialogar con su autor para poder hablar con nosotros mismos como en un espejo de papel.

Muchas veces los libros son ojos prestados que nos permiten descubrir otros lugares, otras personas, otras ideas, pero otras muchas veces lo que hacen es mostrarnos las mismas cosas, los mismos lugares desde otro punto de vista. Y eso siempre nos hace crecer, nos hace mejorar la forma de ver esas cosas, muchas veces tan cotidianas y tan aprehendidas, tan propias, tan naturalmente allí, que se vuelven imperceptibles, ignoradas, olvidadas, invisibles.

Curiosamente fue un libro de Ernesto Allende el que hizo que Mita Oroz prestara atención en mi editorial. Fue en la Biblioteca Hugo Darío Fernández en donde nos conocimos con Mita y comenzamos a darle forma a este libro que hoy presentamos. Un libro con hilos invisibles.

En la primer lectura que hice de “Tristezas, broncas y amores”, pensé que podría dividir el libro en tres partes para hacer honor al título del libro. Ya que tenían los poemas las fechas o los años en los que fueron escritos, también pensé en que se podrían ordenar cronológicamente.

Pero estas ideas se disiparon en el momento en que recibí las fotos de tapa y de la solapa en las que Mita es protagonista. En la foto de tapa la vemos buscando calafate en la meseta, totalmente absorbida por esa tarea sin reparar en quien está sacando la foto. Y viendo la foto de la solapa, descubrí que la mirada de Mita no ha cambiado.

Así, estoy convencido de que la vida no tiene el orden de las tres partes en las que había pensado en dividir el libro, sino que, por el contrario, se encarga de traernos las tristezas, provocar nuestras broncas y alimentar nuestros amores, caóticamente, sin lógica alguna, sin que sean equivalentes o que se compensen, o quizás que sus tiempos sean parejos, y aún cuando así sea, sabemos que siempre los tiempos de felicidad, pese a la intensidad, siempre son mucho más cortos que aquellos en los que el dolor nos habita.

No, no era posible dividir al libro en partes porque tampoco es posible dividir a la vida en partes.

La mirada de Mita Oroz se posa en los hilos invisibles de la vida de la misma manera en que sus ojos lo hacen sobre ese calafate, en su madurez, en su color, en esa tarea de encontrar el fruto que le satisface, el que quería encontrar y saborear. El calafate como el sueño de su propio libro, cosido, atado con los hilos invisibles de las tristezas, broncas y amores. Esa telaraña por la que se camina y se alimenta, por la que se nombra y se es, por la que se dice, se llora y se grita, por la que se siente, sangra y besa.

La vida en los que nos son, los hilos que nos unen con hijos y nietos, los hilos que nos lían a los que quisimos y seguimos queriendo, los hilos que el amor teje sin egoísmo. No, la mirada de Mita no ha cambiado.

Eligió la poesía para decir, la poesía porque es ese cantar a corazón abierto, genuino y directo, sencillo y verdadero, con la palabra propia y sus habitantes de los intersticios del lenguaje, para decir. ¿qué otra forma mejor para conmover que la poesía?

Celebro la aparición de “Tristezas, broncas y amores” porque es un sueño tejido con hilos invisibles, que se corporiza en la sonrisa y en la mirada de Mita Oroz.

Muchas gracias.
 
(Presentación del libro a cargo de Rubén Eduardo Gómez, director de Vela al Viento, el jueves 6 de diciembre de 2012, en el Centro Cultural de Comodoro Rivadavia, Chubut, Patagonia Argentina - Mita Oroz escribe poesía y cuentos. Fue inscripta en Paso de Indios el 5 de febrero de 1932. Este es su primer libro.)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Mita Oroz presenta su primer libro de poemas

 


 
vela al viento
ediciones patagónicas
presenta
 
Tristezas, broncas y amores
 
primer libro de poemas de
 
Mita Oroz
 
 
Mita Oroz escribe poemas, cuentos y relatos históricos. Nació en el Paraje La Cascada, al pie de la Meseta Kamkel.
Fue registrada en Paso de Indios el 5 de febrero de 1932. Llegó a Comodoro Rivadavia en 1955, ciudad donde reside.
 
La presentación del libro tendrá lugar el día Jueves 6 de diciembre
a las 19 horas, en el Auditorio del Centro Cultural
Hipólito Yrigoyen y Moreno
Comodoro Rivadavia
 
Los esperamos.

domingo, 18 de noviembre de 2012

El gallo rojo, poemas de Sergio Pravaz


nijinsky

nijinsky vuela y
levanta margaritas
por las nubes
en los lindes 
del futuro 
encerraron sus pasos...
para que no caminaran
los dioses que habían 
comenzado a despertar


viernes, 16 de noviembre de 2012

Idas y venidas, relatos de Julio Simonini



Ya está en Catriel, Río Negro, el primer libro de relatos de Julio Simonini, el Nº 49 de nuestro catálogo.
En los próximos días sabremos cuándo se presentará y los detalles.
Celebramos con alegría la aparición de este libro que lleva la ilustración de tapa de Diego Gómez, dibujante de Comodoro Rivadavia.