-Ensayo-
Por: Abraham Méndez Vargas
Filos de lata, de la escritora argentina Mercedes Sáenz, es una colección de cuentos breves y algunos no tan cortos de un decir singular donde la primera frase de los más poéticos cuentos presenta una técnica absolutamente nueva dentro del ámbito de la narrativa latinoamericana, y es que acto seguido se acompaña de la conjunción “y” sin que ello constituya una frase nueva o un periodo, sino a la manera con que un poeta hilvana las estrofa de un poema absoluto; igual cuando la primera frase sigue en punto y seguido; luego, en el segundo o tercer párrafo, por demás de una ternura inusitada, se produce el giro circular con la frase que inicia el cuento y así la narración del hecho que tiene indudable importancia va alargando y alzando vuelo como una cometa según la intensidad del viento y el entusiasma de la mano que domina el escenario más con la emoción pura de una niña que interroga el mundo con sus ojos inocentes, aunque ya es una mujer muy adulta y razonadora, dueña de un hogar ejemplar con un buen esposo y tres excelentes hijos.
Los cuentos breves contenidos en Filos de lata nos dan la sensación incontestable de una verdad sentida con dulzura y, a veces, con una fina ironía frente a lo que pudo haber sido lágrimas negras, mientas leemos sus breves cuentos, de un mundo donde las personas saben perder sus nombres para entrar en escenas como símbolo de un pueblo, aunque los nombres de lugares, calles y cosas son auténticos dentro del entorno geográfico en que se desarrollan; es como las ondas maravillas de un río de oro que pasa bajo el puente de antaño, convirtiendo a Mercedes Sáenz en una de las mejores narradoras latinoamericanas que de estos tiempos he leído, tanto en portales digitales como en libros impresos.
No se podía caminar sobre los rieles de la infancia si no se estaba vacunado contra el tétano, pero en los rieles interiores de Filos de lata podemos transitar sin necesidad de vacuna, porque aquí estos filos no están hecho del metal mohoso del hierro con tornillos por donde pasa el tren, sino con la amorosa pureza de una niña que expresa la poesía que la sorprende a cada instante, y aquellos hechos que ella narra son filos estos latas que ella eterniza, y ahora vuelven a la vida de todos, como era justo que sucediese; pues, en Filos de alta hay muchas voces y cantan a la vida, en pequeños relatos que, aunque independiente en su factura creativa unos de otros, pueden decirse que Filos de lata puede leerse como novela, pues hay un hilo conductor que los interconecta.
También son poemas en prosa, no poemas en prosa al estilo modernista como siempre sucede en muchos escritores latinoamericanos, sino poemas en prosa totalmente vanguardistas, salvados por el automatismo psíquico que los domina y que los hace muy del siglo xxi; surrealistas por antonomasia; porque son el producto de una hermosa regresión a la infancia con imágenes nuevas, sin la contaminación que la conciencia adulta pudiera imprimirle, no obstante la excelente razonabilidad que los domina en términos lógicos.
Filos de lata es el título general del libro de cuentos, que sin embargo, a partir de la página 20, está subtitulado de la siguiente manera: No potrillo pampa, desde la pagina 22 a la 44, contiene los siguientes títulos: Te cambio la figura, ¿querés?, con tres capítulos y es en si una noveleta, (p. 23-31); No potrillo pampa (p. 32-34); La silla (p. 35-36); La dignidad de las colinas (p. 37-38); Si viera Usté… (p. 39-40); Arcabuceros (p. 4), Pequeños escapularios (p. 43-44). Las señalase de la memoria van de la pagina 45 a la 60, y contiene los siguientes cuentos: Las señales de la memoria (p. 47-48); Catalogo (p.49-50); Mensajes de madera (51-52); El que juntaba vidrios (53-54); Como por agua (p. 55-56); El puente (p. 57); El periscopio (p. 58-59); Es la hora (60).Sigue Siete ojos en su luna en la pagina 61, con los siguientes títulos de cuentos bien logrados: Siete ojos en su luna (p. 63-64); Los ojos que tiene Diana (p. 65-66); Café con leche (67-68); Lágrimas negras (p. 69). Esa mujer no, pagina 71, nos trae los siguientes cuentos: No Paulina (p. 73-74; Miércoles a qué la tarde (p. 75-78); Ella creía que había sido (79-80); Clarisa (81-83); Adoquines (p. 84-85), El Barón y la manzana (86-91); Tararia (p. 92-93); Nadie hasta mañana (p. 94-96); La tortuga escocesa (p. 97-99).En Ese chabón escupiendo conejitos, apartado que va de la pagina 101 a la 119, leemos los cuentos que siguen: Cascarrabias (p. 103-104); Ese chabón escupiendo conejitos (p. 105-106); Decir, decir (p. 107); Frágil (p. 108-109); Luces (p. 111); El señor de las nueve (p. 113)115); Dos por dos, uno más uno (p 116-117); Un día por casa (p. 118-119). En fin, el último manojo se encuentra desde la pagina 121 hasta 143, luego el Índice de la 145-146, aparece bajo el título Calles de cuadros y leemos los siguientes cuentos: Calles de cuadros (p. 131-132); Tabique (p. 133-135); Silbido (p. 136-137); Silencio absoluto (p. 138-139); Masi (p. 140-141), y Decir cómo, decir qué (p.142-143). Sin embargo, todo ello es desde la pagina 22 a la 143, pues aunque de la 13 a la 19 el primer apartado tiene dos cuentos, el primero titulado Carta de una mujer imaginera a un amigo imaginario (p. 1318), y De todas las del mundo (A Papá, p. 19); hemos podido constatar que Filos de lata, que da al libro el bien logrado título, aparece más adelante, por lo que asumo que el primer apartado es realmente Filos de lata, por lo que termino este ensayo analizando estos dos últimos textos que son, por ciertos, lo que más me han impactado al encararme a este libro de por sí maravilla a quienes hemos tenido la dicha de leerlos a tiempo completo.
Tal como he podido comprobar, Filos de lata es un libro hermoso, muy bien escrito y las situaciones que presenta son absolutamente significativas y esencialmente muy humanas, aunque sin el dramatismo fatal de los pueblos tropicales.
viernes, 5 de septiembre de 2008
jueves, 28 de agosto de 2008
Emotiva Presentación del libro "Apenas una línea, roja"
Muy emotiva, cálida y feliz fue la presentación del libro "Apenas una línea, roja" de Isabel Krisch. Abrigada por su familia, sus amigos, sus colegas y el público que se acercó a la convocatoria, Isabel agradeció a todos los que contribuyeron para que el libro ya tenga vida propia, escuchó atentamente a los poetas Emilse Strucchi y Augusto Casola que se refirieron a su obra y su trayectoria, a la poeta Ana Guillot que -fuera de programa- también fue invitada a hablar del libro y por supuesto de Isabel, leyó sus poemas no sin emoción y alegría a la vez, y volvió a escuchar a sus hijas Victoria y Clara Canzani que entonaron las canciones "Barro tal vez", "Era en abril", "La cigarra" y un tema compuesto por ellas a partir de los versos de Isabel...
Fantástico cierre de la noche.
En esa noche emotiva y feliz, el director de Vela al Viento abrió la celebración con estas palabras:
"Buenas noches. En principio agradecerles a todos la presencia esta noche aquí en el Café Montserrat para acompañar a Isabel Krisch en la presentación de su libro, Apenas una línea, roja. Mi nombre es Rubén Gómez y soy el director de Vela al Viento, editorial de Comodoro Rivadavia, en la Patagonia Argentina, que tuvo el orgullo y el placer de publicar este título.
Cuando Isabel decidió editar el libro con Vela al Viento le hice saber que era para mí un orgullo que lo hiciera, no solamente por su trayectoria que es importante y que hay que refrendar y sostener cotidianamente, sino por su poesía, por la calidad de ella y su voz de particular estilo.
Cuando supe el título del poemario y sin haber leído aún su interior tuve una primera imagen, como esas que son las que suelen venir a la mente cuando alguna frase que se escucha por ahí, algún verso de bella alquimia o alguna misteriosa canción que uno vuelve a escuchar después de un tiempo y que lo traslada a otro lugar, en un viaje instantáneo hacia atrás, un salto hacia ayer.
Cierta vez una muy oscura noche me había llevado a la costanera de Río Grande, en Tierra del Fuego. El cielo parecía derramado y desvestido sobre el mar y ninguno de los dos, ni el cielo ni el mar podían descubrirse en ese negro tan patagónico, porque no había estrellas, ni reflejos o movimiento alguno que permitiera establecer el límite entre uno y otro. Hasta el viento parecía estar sentado al lado mío, en silencio y mirando. Todo era mar o todo era cielo. Hasta que sucedió: Rojo, muy rojo el sol empezó a escribir un nuevo día pero era tan cerrada esa noche, estaban cielo y mar tan pero tan juntos y tan oscuros que el sol solo se vio en el horizonte, pintando apenas una línea, roja y después subirse en naranjas y amarillos a las nubes que poco a poco tornaron sus negros al gris.
Quizás sea una ilusión óptica o la idea de que uno está en el fin del mapa, pero lo cierto es que en aquellas latitudes el horizonte parece estar más cerca, más a la mano. Pareciera que uno podría ir caminando hasta él.
Al leer el libro una y otra vez, tuve la sensación de que estaba frente a aquel paisaje dividido en las tres partes: cielo, mar y horizonte, aún en cada una de sus partes y en cada poema. Partes que, sin duda, son un mismo paisaje, una foto de ese momento de la vida de Isabel, Isabel en el cuerpo, Isabel en lo que más se quiere, Isabel en la dignidad.
En la gacetilla que enviamos por mail cité al poeta Raúl Gustavo Aguirre que escribió alguna vez: "La poesía actual representa y resume esa aventura, esa tragedia que consiste en buscar una respuesta satisfactoria, de fondo, una evidencia, un signo, una señal que coloquen al hombre de nuevo ante su humanidad. (…) Jamás fue tan urgente su necesidad de asir la existencia, de atrapar un rostro, una imagen, un destello del cosmos, la huella de un dios, el gesto de una esperanza."[1]
Con este texto es posible introducir el libro de Isabel Victoria Krisch, resumir con ellas su ars poetica y aprehender su estructura y contenido. Urge esa necesidad y con esa avidez de captura, Apenas una línea, roja, enhebra todos los puntos en una suerte de telaraña, en una red dispuesta para que la poesía no pueda escapar sino en aquellos espacios de fuga que también forman parte de esa telaraña, esa red.
No es posible salir indemne de este libro de poemas. No. Es imposible no teñirse de rojo. No es Apenas ni a penas. Es una sublime línea, íntegra, compacta, como una flecha en manos de una arquera experta. No es Apenas una flecha. Una flecha roja.
Se siente el peso inmediatamente.
Dice Isabel: es demasiado // algo sustancial / en el cuerpo se rompe.
Y es en el cuerpo donde comienza a sentirse lo que se quiebra y se teje, lo roto y lo asido, la red y la trampa.
También en lo que más se quiere, claro, en el espejo inmediato que nos devuelve lo que somos, todo eso que somos y que queremos de nosotros cuando queremos a otros.
Y por supuesto que en la dignidad, en las señales que los ciegos del reloj no ven, en los gritos desesperados que los sordos del ringtone no oyen, y alerta Isabel, sobre la huella de un dios y el gesto de una esperanza.
Todos hemos sido escritos. Nacemos como un papel de arroz y todos los días, algún sol, otra estrella, una lapicera, una navaja, una caricia, un corte, otra sonrisa, una lágrima, aquella voz, ese llamado, este abrazo, nuestras muertes chiquitas y nuestras pequeñas plenitudes se escriben como un nuevo signo, una letra, una palabra, hasta un verso.
Todos hemos sido escritos con la misma tinta. Apenas una línea, roja.
Muchas gracias, Isabel, por este libro y tu poesía."
Fantástico cierre de la noche.
En esa noche emotiva y feliz, el director de Vela al Viento abrió la celebración con estas palabras:
"Buenas noches. En principio agradecerles a todos la presencia esta noche aquí en el Café Montserrat para acompañar a Isabel Krisch en la presentación de su libro, Apenas una línea, roja. Mi nombre es Rubén Gómez y soy el director de Vela al Viento, editorial de Comodoro Rivadavia, en la Patagonia Argentina, que tuvo el orgullo y el placer de publicar este título.
Cuando Isabel decidió editar el libro con Vela al Viento le hice saber que era para mí un orgullo que lo hiciera, no solamente por su trayectoria que es importante y que hay que refrendar y sostener cotidianamente, sino por su poesía, por la calidad de ella y su voz de particular estilo.
Cuando supe el título del poemario y sin haber leído aún su interior tuve una primera imagen, como esas que son las que suelen venir a la mente cuando alguna frase que se escucha por ahí, algún verso de bella alquimia o alguna misteriosa canción que uno vuelve a escuchar después de un tiempo y que lo traslada a otro lugar, en un viaje instantáneo hacia atrás, un salto hacia ayer.
Cierta vez una muy oscura noche me había llevado a la costanera de Río Grande, en Tierra del Fuego. El cielo parecía derramado y desvestido sobre el mar y ninguno de los dos, ni el cielo ni el mar podían descubrirse en ese negro tan patagónico, porque no había estrellas, ni reflejos o movimiento alguno que permitiera establecer el límite entre uno y otro. Hasta el viento parecía estar sentado al lado mío, en silencio y mirando. Todo era mar o todo era cielo. Hasta que sucedió: Rojo, muy rojo el sol empezó a escribir un nuevo día pero era tan cerrada esa noche, estaban cielo y mar tan pero tan juntos y tan oscuros que el sol solo se vio en el horizonte, pintando apenas una línea, roja y después subirse en naranjas y amarillos a las nubes que poco a poco tornaron sus negros al gris.
Quizás sea una ilusión óptica o la idea de que uno está en el fin del mapa, pero lo cierto es que en aquellas latitudes el horizonte parece estar más cerca, más a la mano. Pareciera que uno podría ir caminando hasta él.
Al leer el libro una y otra vez, tuve la sensación de que estaba frente a aquel paisaje dividido en las tres partes: cielo, mar y horizonte, aún en cada una de sus partes y en cada poema. Partes que, sin duda, son un mismo paisaje, una foto de ese momento de la vida de Isabel, Isabel en el cuerpo, Isabel en lo que más se quiere, Isabel en la dignidad.
En la gacetilla que enviamos por mail cité al poeta Raúl Gustavo Aguirre que escribió alguna vez: "La poesía actual representa y resume esa aventura, esa tragedia que consiste en buscar una respuesta satisfactoria, de fondo, una evidencia, un signo, una señal que coloquen al hombre de nuevo ante su humanidad. (…) Jamás fue tan urgente su necesidad de asir la existencia, de atrapar un rostro, una imagen, un destello del cosmos, la huella de un dios, el gesto de una esperanza."[1]
Con este texto es posible introducir el libro de Isabel Victoria Krisch, resumir con ellas su ars poetica y aprehender su estructura y contenido. Urge esa necesidad y con esa avidez de captura, Apenas una línea, roja, enhebra todos los puntos en una suerte de telaraña, en una red dispuesta para que la poesía no pueda escapar sino en aquellos espacios de fuga que también forman parte de esa telaraña, esa red.
No es posible salir indemne de este libro de poemas. No. Es imposible no teñirse de rojo. No es Apenas ni a penas. Es una sublime línea, íntegra, compacta, como una flecha en manos de una arquera experta. No es Apenas una flecha. Una flecha roja.
Se siente el peso inmediatamente.
Dice Isabel: es demasiado // algo sustancial / en el cuerpo se rompe.
Y es en el cuerpo donde comienza a sentirse lo que se quiebra y se teje, lo roto y lo asido, la red y la trampa.
También en lo que más se quiere, claro, en el espejo inmediato que nos devuelve lo que somos, todo eso que somos y que queremos de nosotros cuando queremos a otros.
Y por supuesto que en la dignidad, en las señales que los ciegos del reloj no ven, en los gritos desesperados que los sordos del ringtone no oyen, y alerta Isabel, sobre la huella de un dios y el gesto de una esperanza.
Todos hemos sido escritos. Nacemos como un papel de arroz y todos los días, algún sol, otra estrella, una lapicera, una navaja, una caricia, un corte, otra sonrisa, una lágrima, aquella voz, ese llamado, este abrazo, nuestras muertes chiquitas y nuestras pequeñas plenitudes se escriben como un nuevo signo, una letra, una palabra, hasta un verso.
Todos hemos sido escritos con la misma tinta. Apenas una línea, roja.
Muchas gracias, Isabel, por este libro y tu poesía."
martes, 12 de agosto de 2008
Apenas una línea, roja - Presentación del libro de Isabel Krisch

“La poesía actual representa y resume esa aventura, esa tragedia que consiste en buscar una satisfactoria, de fondo, una evidencia, un signo, una señal que coloquen al hombre de nuevo ante su humanidad. (…) Jamás fue tan urgente su necesidad de asir la existencia, de atrapar un rostro, una imagen, un destello del cosmos, la huella de un dios, el gesto de una esperanza.”[1]
Con este texto del poeta Raúl Gustavo Aguirre es posible introducir el libro de Isabel Victoria Krisch, resumir con ellas su ars poetica y aprehender su estructura y contenido. Urge esa necesidad y con esa avidez de captura, Apenas una línea, roja enhebra todos los puntos en una suerte de telaraña, en una red dispuesta para que la poesía no pueda escapar sino en los puntos de fuga que también forman parte de esa telaraña, esa red.
No es posible salir indemne de este libro de poemas. No. Es imposible no teñirse de rojo. No es Apenas ni a penas. Es una sublime línea, íntegra, compacta, como una flecha en manos de una arquera experta. Una flecha roja. No es Apenas una flecha.
Se siente el peso inmediatamente.
Demasiada carga lleva el asno / el asno / la carga / demasiada (…) es demasiado // algo sustancial / en el cuerpo se rompe.
Y es en el cuerpo donde comienza a sentirse lo que se quiebra y se teje, lo roto y lo asido, la red y la trampa.
Sucede que un dedo pregunta si puede morirse / ir muriendo primero despacito porque se está cansando / el pie la pierna toda la osamenta se quiere morir / ya es tiempo dice el cuerpo la cabeza no quiere / no puede – entonces – la estructura la base se despide / de a poco empieza con el dedo y el pie se despega se / desbasa se deshace descoloca desaliña se / suave levanta del suelo despacio se eleva / pausadamente levita se muere lento el pie.
Con orgullo y placer presentaremos
Apenas una línea, roja
el lunes 25 de agosto de 2008 a las 19:30 horas
en el Café Montserrat –
San José Nº 524 – Buenos Aires
Se referirán a la obra los escritores Emilce Strucchi y Augusto Casola.
Los esperamos.
el lunes 25 de agosto de 2008 a las 19:30 horas
en el Café Montserrat –
San José Nº 524 – Buenos Aires
Se referirán a la obra los escritores Emilce Strucchi y Augusto Casola.
Los esperamos.
[1] Raúl Gustavo Aguirre, Epílogo en Las poéticas del siglo XX, Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1983.
jueves, 10 de julio de 2008
Filos de lata - Exitosa presentación
La presentación del libro de Mercedes Sáenz, FILOS DE LATA, se realizó el pasado 8 de julio en el Centro Cultural Recoleta, con el acompañamiento de más de cien personas que colmaron las instalaciones.
Después de la bienvenida de rigor, el editor y escritor Rubén Gómez leyó el siguiente texto de su autoría:
"Había una vez una tierra sin nombre al sur de América.
Había una vez un escriba italiano que se llamaba Antonio Pigafetta que se subió al barco que llevaba a Hernando de Magallanes en busca del paso a las Indias que Colón no encontró. Todos recuerdan que ése viaje es el que da la vuelta al mundo que finaliza Sebastián El cano, y el que bautiza al Estrecho con el nombre de Magallanes en su homenaje. En aquella época eran muy populares las novelas de caballería, aquellas mismas novelas que finalmente volverían loco a Alonso Quijano y que lo convertirían en Don Quijote, al buen decir de Cervantes. No solamente se leía en las ciudades sino también en las larguísimas travesías que los navegantes realizaban. Claro está que no todos podían acceder a los libros y que solo una parte de la sociedad gozaba el placer de la lectura porque sabía leer. Esto es algo que no ha cambiado mucho. Pero – y volviendo al cuento - fue que, durante el viaje de Magallanes y al acercarse los navíos a la costa, Pigafetta el escriba toma notas sobre los habitantes que avista. Los hombres que ve estaban vestidos con pieles de guanaco, obviamente tehuelches que se resguardaban del frío. Los nativos eran pacíficos y amigables, y eran más altos que los europeos de antaño. Para saber que así eran habría que esperar unos cuantos años más. Pigafetta describe a los tehuelches tal y como había leído en aquellas novelas de caballería: dice que miden más de dos metros y medio de altura, que son monstruos mitad hombre mitad animal, con garras y feroces dientes. Al verlos por primera vez y antes de escribir sobre ellos, los nombra como había leído en las novelas: “Patagón”, dice.
Había una vez una tierra al sur de América cuyo nombre es hijo de la literatura. No se sabe muy bien por qué la historia habla del tamaño de los pies de los tehuelches, cuando los adjetivos que considera la Real Academia Española para describir a alguien de buen pisar son “patón” o “patudo” y no “patagón”. Es entonces “Patagonia” la tierra de los Patagones, esos terribles monstruos de las novelas de caballería. Es la Patagonia, como dice tan bien el escritor Ángel Uranga, el eco de la letra.
Había una vez un niño al que todas las noches contaban un cuento. Era su mamá la que los contaba a veces desde un libro tomado al azar de la biblioteca, mientras que las más de las otras veces el cuento era una mezcla de otros a propósito del día y de lo que había pasado en él. Era una manera ingeniosa que encontraba para enseñar en esa duermevela en la que pareciera que la permeabilidad del ojo, la voluntad de la imaginación y la complicidad de la noche conspiraban para la memoria y el aprendizaje.
Cuando era el padre el que los contaba se trataba de un verdadero evento. No pasaba seguido ni era algo que se esperaba. El padre del niño siempre los inventaba sobre la marcha y eran a pedido. El niño pedía de piratas y el padre ensayaba sobre la marcha una historia de barcos destartalados, corsarios con lentes y relojes pulsera, tocadiscos a pilas que tocaban un tanguito en mar abierto, e islas del tesoro que escondían un funyi o un paquete de yerba. En otros había príncipes feos, reinas que iban al almacén de compras, hormigas desorganizadas, o gauchos que tomaban granadina. En todos los casos el cuento estaba allí, con el silbido del viento acompañando el relato o los ruidos sorpresivos interrumpiéndolo.
Había una vez un niño al que le leyeron cuentos muchas noches, que creció un poco y comenzó a buscar sus propios cuentos. Es que hay cuentos para todos. Y, adolescente, se le cayeron encima cuentos de Cortázar, Borges y Abelardo Castillo y Haroldo Conti. Y no dejó nunca el vicio. Y si bien escribió y escribe poesía, sigue leyendo cuentos y relatos de viajes y también novelas y más, pero los cuentos lo pueden.
Había una vez un niño al que le leyeron cuentos muchas noches, que creció otro poco, y ya hombre tuvo el sueño enorme de una editorial en el medio de la Patagonia Argentina. Y en Comodoro Rivadavia, donde nació, creó la editorial, lleva editados nueve libros y sostiene su sueño como una encendida vela al viento. Y ahora también edita libros de cuentos. Ese niño, ese joven y ese hombre soy yo.
Había una vez una niña con mamá y papá y ocho hermanos. Una niña que pudo elegir una voz ronca de entre todas las demás. Una que no sabe aún si habrá cambiado bien aquella figurita. La dueña de un no potrillo necesita poner la silla al revés. Una niña que quiere ser india y que sabe descifrar las señales de la memoria y que cuenta los ojos en su luna. ¿Cómo no detenerse a pensar en cuáles son esas señales o los mensajes de la madera? La niña sabe que los jueves es el día de volver con leña y que el aire es el lugar donde cabía otra ramita. Sabe de los arcabuceros y la llave de medio kilo, sabe que son niños y también de los escapularios.
Había una vez una niña con mamá, papá y ocho hermanos que vivió en Patagonia, en un puesto entre Comodoro y Caleta Olivia, y cuya voz fue cincelada con aquellos vientos tempranos que le trajeron una pluma de choique para escribir entre las matas.
Había tantas veces, niña hija, hermana mujer madre, que fueron los cuentos de Mercedes Sáenz. Más de mil noches y una noche en que, como Sherezada, hubo de contar para quien es el rey de la vida, el despiadado tiempo. Y ahora lo vence, lo estira, para que haya más veces y así cambiar el tiempo verbal de la sentencia. Hay esta vez un libro de cuentos. Habrá más veces.
Había una vez estas tres palabras sueltas: había, una y vez, hasta que algún alquimista de las letras supo que podría obtener con ellas la fórmula mágica para comenzar un cuento. Había una vez otras tres palabras sueltas: filos, de y lata hasta que Mercedes las mezcló en este caldero y bautizó su libro con ellas, para su descubrimiento como una suerte de mapa.
Había una vez una tierra hija de la letra y una niña con los ojos en los dedos que ahora es mi amiga. Gracias, Mercedes, por volver al sur del sur. Hay esta vez un libro de cuentos. Habrá más veces."
Tras la lectura se presentó un powerpoint con las fotografías de Isabel Capdevila que se incluyen en el libro, la música de Federico Heine y los textos escogidos de Mercedes Sáenz.
Para finalizar el encuentro los escritores Dalmiro Sáenz y Esteban Peicovich se refirieron a la obra, a la palabra y al oficio del escribir junto a la autora.
Los que tuvimos el privilegio de asistir y compartir con Mercedes de esta presentación de su primer libro, nos llevamos un recuerdo inolvidable plagado de emoción y de buena letra.
Sin duda, habrá mas veces.
Después de la bienvenida de rigor, el editor y escritor Rubén Gómez leyó el siguiente texto de su autoría:
"Había una vez una tierra sin nombre al sur de América.
Había una vez un escriba italiano que se llamaba Antonio Pigafetta que se subió al barco que llevaba a Hernando de Magallanes en busca del paso a las Indias que Colón no encontró. Todos recuerdan que ése viaje es el que da la vuelta al mundo que finaliza Sebastián El cano, y el que bautiza al Estrecho con el nombre de Magallanes en su homenaje. En aquella época eran muy populares las novelas de caballería, aquellas mismas novelas que finalmente volverían loco a Alonso Quijano y que lo convertirían en Don Quijote, al buen decir de Cervantes. No solamente se leía en las ciudades sino también en las larguísimas travesías que los navegantes realizaban. Claro está que no todos podían acceder a los libros y que solo una parte de la sociedad gozaba el placer de la lectura porque sabía leer. Esto es algo que no ha cambiado mucho. Pero – y volviendo al cuento - fue que, durante el viaje de Magallanes y al acercarse los navíos a la costa, Pigafetta el escriba toma notas sobre los habitantes que avista. Los hombres que ve estaban vestidos con pieles de guanaco, obviamente tehuelches que se resguardaban del frío. Los nativos eran pacíficos y amigables, y eran más altos que los europeos de antaño. Para saber que así eran habría que esperar unos cuantos años más. Pigafetta describe a los tehuelches tal y como había leído en aquellas novelas de caballería: dice que miden más de dos metros y medio de altura, que son monstruos mitad hombre mitad animal, con garras y feroces dientes. Al verlos por primera vez y antes de escribir sobre ellos, los nombra como había leído en las novelas: “Patagón”, dice.
Había una vez una tierra al sur de América cuyo nombre es hijo de la literatura. No se sabe muy bien por qué la historia habla del tamaño de los pies de los tehuelches, cuando los adjetivos que considera la Real Academia Española para describir a alguien de buen pisar son “patón” o “patudo” y no “patagón”. Es entonces “Patagonia” la tierra de los Patagones, esos terribles monstruos de las novelas de caballería. Es la Patagonia, como dice tan bien el escritor Ángel Uranga, el eco de la letra.
Había una vez un niño al que todas las noches contaban un cuento. Era su mamá la que los contaba a veces desde un libro tomado al azar de la biblioteca, mientras que las más de las otras veces el cuento era una mezcla de otros a propósito del día y de lo que había pasado en él. Era una manera ingeniosa que encontraba para enseñar en esa duermevela en la que pareciera que la permeabilidad del ojo, la voluntad de la imaginación y la complicidad de la noche conspiraban para la memoria y el aprendizaje.
Cuando era el padre el que los contaba se trataba de un verdadero evento. No pasaba seguido ni era algo que se esperaba. El padre del niño siempre los inventaba sobre la marcha y eran a pedido. El niño pedía de piratas y el padre ensayaba sobre la marcha una historia de barcos destartalados, corsarios con lentes y relojes pulsera, tocadiscos a pilas que tocaban un tanguito en mar abierto, e islas del tesoro que escondían un funyi o un paquete de yerba. En otros había príncipes feos, reinas que iban al almacén de compras, hormigas desorganizadas, o gauchos que tomaban granadina. En todos los casos el cuento estaba allí, con el silbido del viento acompañando el relato o los ruidos sorpresivos interrumpiéndolo.
Había una vez un niño al que le leyeron cuentos muchas noches, que creció un poco y comenzó a buscar sus propios cuentos. Es que hay cuentos para todos. Y, adolescente, se le cayeron encima cuentos de Cortázar, Borges y Abelardo Castillo y Haroldo Conti. Y no dejó nunca el vicio. Y si bien escribió y escribe poesía, sigue leyendo cuentos y relatos de viajes y también novelas y más, pero los cuentos lo pueden.
Había una vez un niño al que le leyeron cuentos muchas noches, que creció otro poco, y ya hombre tuvo el sueño enorme de una editorial en el medio de la Patagonia Argentina. Y en Comodoro Rivadavia, donde nació, creó la editorial, lleva editados nueve libros y sostiene su sueño como una encendida vela al viento. Y ahora también edita libros de cuentos. Ese niño, ese joven y ese hombre soy yo.
Había una vez una niña con mamá y papá y ocho hermanos. Una niña que pudo elegir una voz ronca de entre todas las demás. Una que no sabe aún si habrá cambiado bien aquella figurita. La dueña de un no potrillo necesita poner la silla al revés. Una niña que quiere ser india y que sabe descifrar las señales de la memoria y que cuenta los ojos en su luna. ¿Cómo no detenerse a pensar en cuáles son esas señales o los mensajes de la madera? La niña sabe que los jueves es el día de volver con leña y que el aire es el lugar donde cabía otra ramita. Sabe de los arcabuceros y la llave de medio kilo, sabe que son niños y también de los escapularios.
Había una vez una niña con mamá, papá y ocho hermanos que vivió en Patagonia, en un puesto entre Comodoro y Caleta Olivia, y cuya voz fue cincelada con aquellos vientos tempranos que le trajeron una pluma de choique para escribir entre las matas.
Había tantas veces, niña hija, hermana mujer madre, que fueron los cuentos de Mercedes Sáenz. Más de mil noches y una noche en que, como Sherezada, hubo de contar para quien es el rey de la vida, el despiadado tiempo. Y ahora lo vence, lo estira, para que haya más veces y así cambiar el tiempo verbal de la sentencia. Hay esta vez un libro de cuentos. Habrá más veces.
Había una vez estas tres palabras sueltas: había, una y vez, hasta que algún alquimista de las letras supo que podría obtener con ellas la fórmula mágica para comenzar un cuento. Había una vez otras tres palabras sueltas: filos, de y lata hasta que Mercedes las mezcló en este caldero y bautizó su libro con ellas, para su descubrimiento como una suerte de mapa.
Había una vez una tierra hija de la letra y una niña con los ojos en los dedos que ahora es mi amiga. Gracias, Mercedes, por volver al sur del sur. Hay esta vez un libro de cuentos. Habrá más veces."
Tras la lectura se presentó un powerpoint con las fotografías de Isabel Capdevila que se incluyen en el libro, la música de Federico Heine y los textos escogidos de Mercedes Sáenz.
Para finalizar el encuentro los escritores Dalmiro Sáenz y Esteban Peicovich se refirieron a la obra, a la palabra y al oficio del escribir junto a la autora.
Los que tuvimos el privilegio de asistir y compartir con Mercedes de esta presentación de su primer libro, nos llevamos un recuerdo inolvidable plagado de emoción y de buena letra.
Sin duda, habrá mas veces.
lunes, 23 de junio de 2008
¿por qué me gusta tanto? Presentación en Oberá
En primer lugar, agradecer la invitación de la Comisión Organizadora de la Feria del Libro de Oberá y toda su gente en el nombre de Quitita Peruzzo, por el espacio y la calidez con la que nos recibieron para presentar el libro de Nilda Barba, ¿por qué me gusta tanto? y por supuesto, la presencia de todos y cada uno de ustedes en la sala.
Vengo de Comodoro Rivadavia, una ciudad ubicada en la provincia del Chubut, en el centro del Golfo San Jorge, casi en el límite con Santa Cruz, en la Patagonia Argentina. Un lugar donde el mar muestra los colores del cielo y el estado de ánimo, y es azul profundo, verde, celeste, o levanta los rulos blancos enojado con el viento. Es un lugar donde el viento habla con voz de lobo y aúlla las noticias de la meseta, y se vuelve blanco como la nieve o abrasador con los vapores del desierto.
tanteo el horror salino
el perfil de la costa
rasgos de desmesura
oxígeno
ocupa mi corazón
no hay lugar para la sangre
corro acantilados
loba esteparia en la noche
dirijo los vientos
a la aurora
ayün de los mapuches
clarividente
ni un escarabajo en el atanor
me sacaría del trance
ni sacrificar el costado
las rodillas gozan
como mi pelvis
el peso del sol
siete rayos sucesivos
estremecen
así víctima y santuario
así camino
el oleaje
empuña el humo del incienso
la lluvia
Es un lugar donde la gente quiebra la greda en busca de petróleo y envejece por el frío y sus rostros se cincelan con las marcas del tiempo y aquellos aullidos. La gente también intenta romper la greda con semillas, con árboles y añoran cada uno de los lugares de donde provienen. La gente resiste también con una pluma en la mano indagando sobre su propia vida, sobre lo que siente y dice como puede, a veces imitando al viento lobo. La gente es árida como la greda y dura para movilizarse al ritmo del arte, pero también es cálida cuando se permite recibirla. En ese lugar tan joven culturalmente, con apenas 107 años y más de 60 años de gobiernos militares y su consecuencia, es que nace, crece y se reproduce la editorial "Vela al viento".
¿quién diría?
luciérnagas en los dedos
corre niña humeando el aire frío
intermitencia de estrellas
fosforece
la noche entre ciruelos
croa la gramilla sin prudencia
no hace falta
no hay sombras en lo oscuro
quién diría adentro plomo
arañas de caireles
amos siervos
flotan mientras duran
en los propios ríos
el sopor en los ojos pesa indiferente
martirio entre rezos
(el delito es lejano)
por la niña vela y ciñe la cintura
atrás
muñecas no juegan con las ranas
¿quién diría?
siervos amos
sin recuerdos en molleras rígidas
la cárcel
pendiente la tumba
hastíos no saben ni el beso blando
no alcanzan las luciérnagas
las uñas no titilan
¿quién diría?
la niña respira los brillos
En la Patagonia todas las distancias son más grandes, todas las distancias se duplican y domina el tono un pasaje, un viaje, el mismo tránsito de uno y hacia uno mismo. Y es ese viaje, esta tarea que pretendemos iluminar con esta "Vela al viento".
El trabajo de editor brinda la posibilidad de conocer las obras previamente a los ojos lectores -que son los principales destinatarios, más allá de la crítica y la academia- y preparar de la mejor manera los textos para que el objeto libro también sea atractivo.
En este caso el libro como objeto es un motivo de orgullo para la Editorial, ya que es casi tan bello como los poemas de Nilda, y los acompaña. Un formato poco habitual -cuadrado, de 20 x 20- lo destaca en la biblioteca, su diseño interior es también original y la tipografía es suave y agradable al ojo. Las fotografías que actúan como separadores en cada capítulo, van en el mismo sentido que los textos conformando una obra integral. Los fotogramas de Ioana Menéndez tienen en sí mismas una carga de poesía visual tal, que los poemas encuentran en ellos otra forma más de decir y preguntar.
un tutor y la pérgola para merecer
de noche hormigas
que manos y ojos envenenan
no sé por qué
hojas con leche
las raíces garras
truena
amanezco en un matorral
salvaje
las hormigas me recorren
no sé por qué ni náuseas
es fértil el terrón
agua de lluvia
gajos ajenos ritos
luz apretada entre mis pétalos
canales de polen
perfume en las espinas
¿por qué me gusta tanto?
No hace mucho tiempo me preguntaban sobre la utilidad de la poesía en el tercer milenio. La pregunta lleva en sí misma una revisión de la palabra servir por un lado, y por el otro obliga a pensar en por qué escribir y leer poesía en este comienzo de siglo. Y también por qué hacerlo antes, en el siglo pasado o en los anteriores.
Servir es valer, ser útil para un determinado fin -el valor de la poesía, su utilidad y esta ¿en qué sentido? ¿para qué es útil? Un destornillador es útil, pero si tengo que quitar un clavo de una tabla, seguramente me va a resultar inútil-. Servir también es poner la pelota en juego, y es quizás dable pensar en esta última definición. "El juego en que andamos", dice bien Juan Gelman. Esta posibilidad de "andar en juego", de servir la palabra para su devolución y que ese ida y vuelta permita el juego para ganar claro, aún cuando no esté bien definido quién vence y en todo caso, ¿a quién le importa?
a contraviento se huele tibio
la cal sobre los huesos
purgatorio
en galerías
(de eso no se habla)
mil hojas
de palma yacen
(que no se note)
fetal en el seno
de la tierra
(¿para qué?)
abrirá los ojos
las manos en la boca
se sumergirá en el agua pura
necesitará zapatos nuevos
piedras para estrenar
y el manto de maría
había una vez
me dijiste
¿estás despierto?
En la poética de Nilda Barba el juego y la infancia, los secretos y misterios, la danza de las pupilas en la naturaleza y el asombro, se presentan claramente, como si aquellas fotos de antaño hubieran sido tomadas con las huellas digitales en el corazón. Sirven las palabras de Nilda para volver sobre aquellos juegos que intentaban dilucidar la otra cara de las cosas y también de las palabras.
un lugar lejano
dagas en los árboles
dioses con el rostro en la nuca
escaleras con astillas
sin embargo
innumerables gritos y risas
cantos y pelotas contra el vidrio
de la puerta
el trompe l´oeil
el sol en la manija
sin embargo
quieta
¿quién diría?
adentro huele a nata
las mariposas están del otro lado
la vereda el aire
los yuyos
barquitos de papel junto al cordón
la lluvia embarra las guillerminas
sin embargo
aprende a viva voz
las manos de los niños
corre de pared a pared
inventa
baldosas flojas
calles agrietadas
sin embargo un día
será sólo una puerta
un manijón
sólo bisagras
En ¿por qué me gusta tanto? el trabajo creativo consiste en una amalgama de palabras que viajan a través de los sentidos, valiéndose de ellos en la construcción precisa y preciosa de imágenes, que nos permiten trasladarnos a través del cuerpo por recuerdos, sensaciones y reflexiones en busca de las certezas que nunca llegan, como en la vida misma y sea cual fuere la forma elegida para la creación. Así florecen las preguntas vitales del sentido mismo en los jardines, así se indaga en los cuentos y en los espejos, se urden laberintos por los cuales la poeta parece abandonarnos, no sin dejar un hilo de color carmesí hacia la salida que solamente puede hallarse si se está atento a nuestra propia e incofundible voz.
con hilos de color carmesí
desde la cintura
enlazarte quisiera
con hilos conductores
abrir hasta los flecos
del viento quisiera
los hilos de tu voz
(¿y usted le cree?)
escuchar otras canciones
no quiero
Fue el tono inquisidor de ¿por qué me gusta tanto?, el que me llevó a pensar en aquello que Roland Barthes sentenciaba a modo de definición, de descripción y quizás de sino: los escritores eternamente estarán tratando de responder a dos preguntas claves: ¿por qué te amo? ¿por qué le tengo miedo a la muerte?
un antiguo foulard
envuelve su estómago
debajo de los brazos
un nudo
en el respaldo
de ese hombre
que sonríe
dobla y desdobla
el linaje el tiempo
bebí de su boca
caminé de su mano
para sujetar el dolor
necesito la huella
abrazar
a mi padre
Y entonces, si todos los temas condujeran a responder estas dos inquisiciones, si todas la palabras conformaran las flechas, el arco, el blanco e incluso la tensión de la cuerda y la decisión tras haber apuntado para responder aquellas preguntas barthesianas, no podemos dejar de pensar en que claramente aquello de "servir" en este siglo, en el anterior y en cada uno de los milenios que nos precedieron se responde solito y sin más ayuda.
La mejor manera de "servir" a estos fines humanos de indudable trascendencia, es a través de la poesía. En ese "juego andamos" aquellos que vivimos con la esperanza, los que soñamos despiertos, mientras el mundo parece intentar que el ser humano deje de serlo, cambie su condición para deshumanizarse y simplemente estar.
¿por qué los alfileres en mis alas? dice Nilda, con precisión para hablarnos de los castigos al vuelo y a la creación. ¿qué será del canto de la propia voz?, en una reflexión hacia la individualidad en un mundo de parecidos y uniformados al mismo tono. ¿cajones o sarcófagos? dice, y nos empuja a pensar en nuestras pequeñas muertes cotidianas, en lo pendiente, en el tiempo que pasó y en el que nos falta.
nada especial
una cámara silenciosa
lava sus dientes
sin desentonar
zurce pestañas
pone un listón muy alto
salta
desmadejada
una ráfaga de luz
bajo el marco siempre
espacios que no asesinan
los habita cuando el polvo tiembla
y ni los ángeles pueden
dar el paso
al vacío
de la infancia el chocolate
husmea sin caer
de boca
¿por qué me gusta tanto? es un libro sensacional, en el lato sentido de la palabra. Procura transmitir mediante imágenes claras y un lenguaje muy cuidado, las distintas etapas de la vida, y logra conmover la fibra íntima, esa que nos permite sentir cuándo se está frente a la verdadera poesía.
El ritmo, su musicalidad, su tono son propios de quien ha encontrado su palabra, su voz, y en ella y desde ella, Nilda Barba crece con comodidad, dice con claridad y pregunta con sinceridad. ¿por qué no nos acunan? ¿por qué no nos cuentan de princesas? ¿quién ha de recordar?
¿por qué no nos acunan?
¿por qué no nos cuentan de princesas?
el agua corre como la sangre de las heridas
y nos ahogamos
ojalá en la humedad de otra piel
caemos golpeando la nariz
el tabique quebrado
queremos por qué poder llorar
un ay
aunque no se escuche
ni el eco
en la torre de babel
que nos acunen
esperamos
elegir nuestros sueños
y que no nos despierten
mientras duren
Los poemas preguntan, no ya para obtener una respuesta, sino para generar en quien se asoma al libro una invitación para recrear las preguntas, a ubicarlas en otro plano, a repreguntarse sobres estas inquisiciones y hacerlas propias. ¿qué mas los une? ¿cuándo? ¿para qué baldear? ¿cuándo es hora de volver?
Nuestras propias inquisiciones son ese motor que nos lleva a escribir. ¿mi última jugada? ¿se acabaron los peces? ¿dónde los besos?
Son nuestras propias inquisiciones las que nos hacen crecer. Son ellas entonces las que viven en ¿por qué me gusta tanto?
Los invito a conocerlas, a disfrutarlas y sobre todo a vivirlas en la belleza tan presente en las hojas de este libro inquisidor, profundo y maravilloso de Nilda Barba.
viernes, 13 de junio de 2008
Filos de lata - Presentación del primer libro de Mercedes Sáenz
Filos de lata, es el nombre del primer libro de cuentos de Mercedes Sáenz, obra que acaba de ser editada por Vela al Viento Ediciones Patagónicas.
Un libro que, desde la tapa, nos invita a seguir leyendo, a seguir recorriendo cada uno de los lugares que Mercedes muestra, sitios de la Patagonia, puestos entre el viento y el mar, donde se huelen las matas y la aridez de esa voz de la estepa traducida por los ojos de una niña. Y también bosques y ríos y la agreste conciencia de la que quería ser india.
Un libro que nos presenta a cada uno de los personajes que aparecen y desaparecen a punto de ser lo que no son, como No Paulina, y que hurga en las actitudes y personalidades como quién penetra
la más espesa selva con armas tan fuertes como la mirada y la memoria.
la más espesa selva con armas tan fuertes como la mirada y la memoria.Las figuritas y los caballos, las sillas y las colinas, los álamos hacia arriba y los pichones aplastados como pulgares... Arcabuceros y escapularios como señales de la memoria. Cuentos dispuestos como un catálogo de mensajes de madera, imágenes para un puente desde el periscopio o viceversa, y los ojos... Los siete de la luna y los que tiene Diana...
Un libro que recorre desde la propia todas las vidas con las que ha tenido contacto y también las otras. Adoquines de un manicomio que me hicieron pensar en aquella idea de un "dios loco" que dispone y ordena, pone y saca adoquines en un mundo que parece perfecto.
Y decir y decir, decir como y qué, morirse contando...
Un libro-mapa para el antes y el después.
Dice Dalmiro Sáenz en la contratapa de Filos de lata:
"Muchas veces en la historia de los hombres los hijos engendraron padres.
Mercedes me engendró con esa mala fe de mina divina hace varios años.
El primer asombro que me provocó fue el de nacer y el último éste libro.
Éste libro es."
El libro cuenta con fotografías en su interior gracias a la colaboración inestimable de la artista visual Isabel Capdevila.
Tras presentarse en la XXXI Feria Provincial del Libro de Misiones realizada en Oberá, con singular éxito, ahora en Buenos Aires,
Filos de lata
será presentado por
Dalmiro Sáenz y Esteban Peicovich
en el Centro Cultural Recoleta
el día 08/07/08
a las 19 horas.
Los esperamos.
martes, 10 de junio de 2008
Actividades de la Editorial en la XXXI Edición Feria del Libro de Oberá
Recibimos de la Comisión Organizadora el programa de la
XXXI EDICION FERIA PROVINCIAL DEL LIBRO de Oberá, Misiones 2008.
VELA AL VIENTO Ediciones Patagónicas
VELA AL VIENTO Ediciones Patagónicas
estará presente en la misma con dos presentaciones el día
LUNES 23 de Junio.
Desde las 18:00 hs. habrá diversos actos culturales entre los que se destacan:
- Homenaje a Oberá.. FRANCISCO LINDSTROM, “Nuestra Identidad”
- ANTOLOGÍAS. Silvia Jordán, Alejandra Polo, Ana Mulka.
- JORGE LAVALLE ,“Andresito y la Melchora, la historia de un amor en guerra”
- EMA AIDEE MORGENSTERN, “Altares de vida”
- DORA CHAVEZ , “Cuentos para rumiar”
Desde las 18:00 hs. habrá diversos actos culturales entre los que se destacan:
- Homenaje a Oberá.. FRANCISCO LINDSTROM, “Nuestra Identidad”
- ANTOLOGÍAS. Silvia Jordán, Alejandra Polo, Ana Mulka.
- JORGE LAVALLE ,“Andresito y la Melchora, la historia de un amor en guerra”
- EMA AIDEE MORGENSTERN, “Altares de vida”
- DORA CHAVEZ , “Cuentos para rumiar”
- Presentación de “Vela al viento Ediciones Patagónicas”
de RUBEN EDUARDO GOMEZ,
de Comodoro Rivadavia, Provincia del Chubut,
y la presentación de los libros:

- NILDA BARBA,
“¿Por qué me gusta tanto?”
(poemario)

- MERCEDES SAENZ, “Filos de Lata” (cuentos)
con la colaboración de la fotógrafa Isabel Capdevila
20:00 hs, HOMENAJE en el centenario del nacimiento de ATAHUALPA YUPANQUI
lunes, 9 de junio de 2008
Historias de Frontera - Nuevo título de Vela al Viento
Anunciamos la publicación del libro "Historias de Frontera" de Ernesto Maggiori, en su tercera edición. La alegría por la aparición de esta obra se nutre en el orgullo que nos provoca el haber sido elegidos nuevamente para editar este exitoso libro, que da cuenta de diversas historias que apenas pueden esbozarse en la contratapa que a continuación reproducimos:
"Luego de la Campaña del Desierto y la posterior entrega de tierras que pertenecieron a los pueblos originales, etapa de transición histórica profundamente estudiada por el autor, se sucedieron algunos hechos de violencia en el que perecieron cientos de peones rurales, hechos de sangre enmarcados en la explotación ovina y que culminarían con los fusilamientos masivos en las huelgas del `21 y `22.

La concentración de grandes superficies de tierra en unos pocos propietarios, la toma de conciencia de los peones rurales acerca de sus derechos, y la llegada de miles de inmigrantes dispuestos a ganarse un espacio vital en base al trabajo, produjo situaciones conflictivas que derivaron en enfrentamientos de intereses. En 1906 más de setenta peones rurales perecieron en circunstancias nada claras en Bajo Pisagua. Allí estaba la Compañía Explotadora del Baker, cuyo Administrador principal era Lucas Bridges.
En los valles del actual Coyhaique, Chile, estaba la Compañía Industrial del Aysén cuya reserva fiscal había caducado, en ese momento era poblada por crianceros trashumantes de origen chileno que reingresaban a su tierra luego de deambular durante años con sus familias y bienes por territorio argentino.
En 1918 estos pobladores deciden resistir el desalojo y se enfrentan en armas con las autoridades durante todo un invierno. El conflicto, tanto en el terreno de las armas como legalmente, se dirimió a favor de los pobladores. Estos tempranos antecedentes fueron creando el ambiente propicio para la represión que vendría durante las huelgas patagónicas en la década del `20. Los grandes terratenientes utilizaron los medios de la época para hacer creer que todos los protagonistas de estos sucesos eran delincuentes o bandoleros. Entre los capítulos aparecen casos puntuales de bandoleros junto a las historias de vida de comerciantes, arrieros, baqueanos y trabajadores del riel.
También aparece la historia de las familias Braun Menéndez Behety y sus propiedades. Un universo de capitales, empresas y explotaciones rurales, que se contrapone a aquella sensación de "Desierto" que la Patagonia ofrecía.
Otros capítulos analizan la inserción de dos instituciones en ese vasto espacio geográfico llamado Patagonia: Educación y Policía. Allí donde existía diversidad, un Estado disciplinario debía imponer su presencia mediante normas y leyes para controlarlo.
El trabajo contiene la historia del baqueano nativo José Torres, del comerciante español Bernardo Reviriego, de la Sociedad Anarquista "Troperos Unidos" de Cañadón Lagarto, del paisano Pío Quinto Vargas, del asalto a la Compañía Mercantil Chubut por los norteamericanos Wilson & Evans, las presencias de la Liga Patriótica en la Patagonia, la vida del Comisario Bernardo Cores, de la familia Burgos y los conflictos por la seguridad en la población, junto a otras historias más.
El autor nació en Tandil. Desde los años setenta se dedicó a investigar y recorrer la Patagonia. Atraído primero por los paisajes y luego por la historia de sus gentes, los años lo llevaron a documentarse y escribir. Sus libros, enmarcados en l
a corriente llamada "Micro historia", contienen un rescate oral y documental muy importante. Cuando escribió la Historia de las localidades de Río Pico, Gobernador Costa y los pueblos y parajes aledaños al Genoa, algunos ya existentes como Piedra Shotel, aún no había bibliografía sobre el tema. En este valle pasó sus últimos años el Cacique Valentín Sayhueque y allí está relatada su historia. No hay lugar del que escriba en el que no haya estado presente. Recorrió así los distintos escenarios donde vivió el cacique, tanto como el Baker, o las antiguas huellas que originaron los caminos actuales. Cruzó varias veces la cordillera por pasos inhabilitados, y convivió con paisanos, nativos e inmigrantes durante días y semanas."
"Luego de la Campaña del Desierto y la posterior entrega de tierras que pertenecieron a los pueblos originales, etapa de transición histórica profundamente estudiada por el autor, se sucedieron algunos hechos de violencia en el que perecieron cientos de peones rurales, hechos de sangre enmarcados en la explotación ovina y que culminarían con los fusilamientos masivos en las huelgas del `21 y `22.

La concentración de grandes superficies de tierra en unos pocos propietarios, la toma de conciencia de los peones rurales acerca de sus derechos, y la llegada de miles de inmigrantes dispuestos a ganarse un espacio vital en base al trabajo, produjo situaciones conflictivas que derivaron en enfrentamientos de intereses. En 1906 más de setenta peones rurales perecieron en circunstancias nada claras en Bajo Pisagua. Allí estaba la Compañía Explotadora del Baker, cuyo Administrador principal era Lucas Bridges.
En los valles del actual Coyhaique, Chile, estaba la Compañía Industrial del Aysén cuya reserva fiscal había caducado, en ese momento era poblada por crianceros trashumantes de origen chileno que reingresaban a su tierra luego de deambular durante años con sus familias y bienes por territorio argentino.
En 1918 estos pobladores deciden resistir el desalojo y se enfrentan en armas con las autoridades durante todo un invierno. El conflicto, tanto en el terreno de las armas como legalmente, se dirimió a favor de los pobladores. Estos tempranos antecedentes fueron creando el ambiente propicio para la represión que vendría durante las huelgas patagónicas en la década del `20. Los grandes terratenientes utilizaron los medios de la época para hacer creer que todos los protagonistas de estos sucesos eran delincuentes o bandoleros. Entre los capítulos aparecen casos puntuales de bandoleros junto a las historias de vida de comerciantes, arrieros, baqueanos y trabajadores del riel.
También aparece la historia de las familias Braun Menéndez Behety y sus propiedades. Un universo de capitales, empresas y explotaciones rurales, que se contrapone a aquella sensación de "Desierto" que la Patagonia ofrecía.
Otros capítulos analizan la inserción de dos instituciones en ese vasto espacio geográfico llamado Patagonia: Educación y Policía. Allí donde existía diversidad, un Estado disciplinario debía imponer su presencia mediante normas y leyes para controlarlo.
El trabajo contiene la historia del baqueano nativo José Torres, del comerciante español Bernardo Reviriego, de la Sociedad Anarquista "Troperos Unidos" de Cañadón Lagarto, del paisano Pío Quinto Vargas, del asalto a la Compañía Mercantil Chubut por los norteamericanos Wilson & Evans, las presencias de la Liga Patriótica en la Patagonia, la vida del Comisario Bernardo Cores, de la familia Burgos y los conflictos por la seguridad en la población, junto a otras historias más.
El autor nació en Tandil. Desde los años setenta se dedicó a investigar y recorrer la Patagonia. Atraído primero por los paisajes y luego por la historia de sus gentes, los años lo llevaron a documentarse y escribir. Sus libros, enmarcados en l
a corriente llamada "Micro historia", contienen un rescate oral y documental muy importante. Cuando escribió la Historia de las localidades de Río Pico, Gobernador Costa y los pueblos y parajes aledaños al Genoa, algunos ya existentes como Piedra Shotel, aún no había bibliografía sobre el tema. En este valle pasó sus últimos años el Cacique Valentín Sayhueque y allí está relatada su historia. No hay lugar del que escriba en el que no haya estado presente. Recorrió así los distintos escenarios donde vivió el cacique, tanto como el Baker, o las antiguas huellas que originaron los caminos actuales. Cruzó varias veces la cordillera por pasos inhabilitados, y convivió con paisanos, nativos e inmigrantes durante días y semanas."miércoles, 21 de mayo de 2008
Reseña Tercera Edición Reunión de Voces 2008
por Liliana Chávez (Córdoba)
para el Boletín Basta ya! Mayo 2008
El Grupo Pretextos, conformado por las poetas Gabriela Delgado, Bibi Albert, Alicia Cora Fernandez, María Laura Coppié, y Mariana Toniolo, organizó del 1 al 4 de mayo, la 3ra. Edición de Reunión de Voces 2008.
¡Qué placer señores! Desde la camaradería, pasando por la organización, por la calidad de las voces convocadas hasta el lugar elegido para el evento: “El Casal de Catalunya”, sito en Chacabuco 863, un bellísimo edificio de estilo neogótico y modernista, manifestado incluso en los detalles interiores, la carpintería, los capiteles de las columnas, la escalera de honor, los vitrales del bar, el techo del salón, la herrería de su fachada neogótica y las cerámicas con motivos florales. La Sala Guimerá, en homenaje a uno de los fundadores de la “Renaixenca” (movimiento literario y político catalán por la recuperación de la cultura y tradiciones catalanas) albergó a decenas de poetas y plásticos que engalaron con sus obras las paredes del recinto: Claudio Curuchet; Francisco Ferreira, Cecilia Lynch, Javier Limas Monroy, Carlos y Santiago Panichelli. Hubo mesas de Poesía Latinoamericana, ponencias, presentación de libros, de editoriales y revistas literarias. Nuestro Basta ya! partía en maletines de poetas de diversos puntos del país y en valijas que tenían como destino: Brasil, Chile, Colombia y Venezuela.
Trato de capturar imágenes, no olvidar nada, porque todo valió la pena. Las mesas de poetas invitados: con María Granata, Osvaldo Rossi, María del Mar Estrella y un trío de varones que se las trajo: Jorge Ariel Madrazo, Marcos Silber y Eugenio Mandrini. En todos, solvencia, belleza poética, humor y una preciada humildad; hasta tuvieron la generosidad de acompañar y escuchar las demás voces.
Qué decir de la excelencia de los números musicales, no puedo dejar de nombrar a Hugo Araujo y Rocío Melina, de una voz impresionante. No, no se la imaginen una bella muchacha, imagen a una hermosa princesa de apenas siete años, acompañando en guitarra Nazareno Altamirano.
Paladar Negro con Norberto Corti y Flavio Tagini; Patricia Martinez; Alba Estrella Gutierrez y Julia Lascano; Marcela Passadore. Jorge Moya recitando sobre el acompañamiento en teclado de Leonardo Lapouble y la brillante actuación en el cierre, de una joven cantante de tangos: Eleonora Barletta, que deleitó a todos los presentes.
No quiero pasar por alto a dos niños que hicieron la delicia del evento. De acá unos años, así como pintan, serán seguramente los conductores del mismo. Dispuestos, atentos, el más pequeño, Joaquín Fraga, repartió caramelos, intervino en la locución, hizo de escribano en el sorteo de libros programado por la Editorial El Mono Armado, y Juan José Limas, el mayor, quien sacaba fotos como un profesional y al momento se lo veía intercambiando vales por café. Un disfrute, la frutilla de la torta.
Y Reunión de Voces también entrega un Premio. El colombiano Javier Limas, su diseñador, habla así de su trabajo: “El concepto que trabajé en el trofeo, fue la elaboración de un obelisco, representación de Buenos Aires., que a la vez fuese un faro y por eso el fragmento transparente. La inclinación de éste se debe a la simbolización de una luz que nos cobija a todos, a través de la literatura. Por ello, las letras.” Quiero agregar que Javier también es poeta y, que de no estar enamorado e involucrado afectivamente con una integrante del
Grupo Pretextos, seguramente hubiese estado entre los preselecciones para el Premio, su poética y su voz son de excelencia. Rumor de pasillos.Doce fueron los preseleccionados y, por el voto de los poetas presentes, en una reñida final, Marta Riskin de Capital se quedó con el galardón, recibido de manos de Gustavo Tisocco, ganador del año pasado.
Quiero mencionar especialmente a Rubén Eduardo Gómez, oriundo de Comodoro Rivadavia, finalista también, que cautivó con una poesía agreste, sólida y reflexiva. Para cerrar, precisamente un trabajo suyo. Un gusto que quiero darme.
Perro
nariz de piso busca sniff sniff
hueso y resto busca sniff sniff
sobran cáscaras
sobras de edificio
sobra el perro
calle busca sniff sniff
sobre el nylon
no comas arroz con vidrio
no puntos busca sniff sniff
se pega el pañal
nariz húmeda
de piso
al piso busca sniff sniff
basura
en nylon anónima busca sniff sniff
sobra doblado
duerme hambre busca sniff sniff
en el container
sobra
jueves, 1 de mayo de 2008
Declaración de principios de AVE
En la certeza de la existencia de un campo literario villamariense sostenido de un modo regular en producción e intención durante las últimas tres décadas de la ciudad proponemos la creación de una Asociación de Escritores que se definirá por las siguientes especificidades:
Se entiende por Asociación el conjunto de los asociados para un mismo fin.
Por Escritores: a toda persona que escribe con una aspiración estética, científica, de investigación, de difusión, en todos los géneros establecidos por el canon.
Por Villamariense: en un primer sentido de pertenencia y en un sentido amplísimo, es decir, podrán integrar esta asociación absolutamente todas las personas que escriben que pertenezcan a la ciudad, región y el ámbito del país y el exterior.
La organización será de carácter horizontal, no se determinarán cargos directivos, ni aportes económicos de ninguna naturaleza para pertenecer con pleno derecho a la AVE; no se establecerán fechas regulares de reunión, ni se cumplirán trámites de carácter legal para su legitimación. La legitimación de AVE surgirá de cada unos de los actos de sus miembros en pro de la creación, la difusión y la consecuente participación en las necesidades de la época.
AVE establecerá una dinámica de comunicación según las circunstancias que la requieran, cada miembro de AVE podrá convocar e invocar a otro u otros miembros por la razón que considere conveniente dentro de los ideales de esta Declaración de Propósitos.
Los medios de difusión de las actividades serán aquellos que surjan de uno o varios asociados, no se definirán soportes específicos de difusión o divulgación. Tampoco espacio físicos de reunión; la AVE no se asociará a ninguna de las agrupaciones preexistentes en el ámbito de lo artístico ya sean privadas u oficiales, tendrá y sostendrá como marca de origen
y posteridad una total independencia de todo aquello que no sea un espíritu común por la escritura y los valores de justicia y libertad para todos los hombres en todos los tiempos.
Se pertenecerá con derecho pleno a la AVE por el solo hecho de firmar la adhesión a esta declaración de propósitos no siendo necesario ningún otro requisito.
La Asociación Villamariense de Escritores desea reunir en un espíritu de la mayor libertad a todas las personas habitadas por la pasión de escribir al margen de sus trayectorias y saberes y de su condición social, política y económica.
Constituirse como un espacio crítico de la realidad en todos sus sentidos y manifestaciones en la convicción de que los escritores pueden y deben participar activamente de la vida de la comunidad, el país y el mundo.
Villa María, Pcia de Córdoba, 1 de mayo del año 2008
Alejandro Schmidt
Rucci 183
(5900) Villa María – Córoba
Cel: 0353-154097825
para adherir escribir a radamanto@arnet.com.ar
Se entiende por Asociación el conjunto de los asociados para un mismo fin.
Por Escritores: a toda persona que escribe con una aspiración estética, científica, de investigación, de difusión, en todos los géneros establecidos por el canon.
Por Villamariense: en un primer sentido de pertenencia y en un sentido amplísimo, es decir, podrán integrar esta asociación absolutamente todas las personas que escriben que pertenezcan a la ciudad, región y el ámbito del país y el exterior.
La organización será de carácter horizontal, no se determinarán cargos directivos, ni aportes económicos de ninguna naturaleza para pertenecer con pleno derecho a la AVE; no se establecerán fechas regulares de reunión, ni se cumplirán trámites de carácter legal para su legitimación. La legitimación de AVE surgirá de cada unos de los actos de sus miembros en pro de la creación, la difusión y la consecuente participación en las necesidades de la época.
AVE establecerá una dinámica de comunicación según las circunstancias que la requieran, cada miembro de AVE podrá convocar e invocar a otro u otros miembros por la razón que considere conveniente dentro de los ideales de esta Declaración de Propósitos.
Los medios de difusión de las actividades serán aquellos que surjan de uno o varios asociados, no se definirán soportes específicos de difusión o divulgación. Tampoco espacio físicos de reunión; la AVE no se asociará a ninguna de las agrupaciones preexistentes en el ámbito de lo artístico ya sean privadas u oficiales, tendrá y sostendrá como marca de origen
y posteridad una total independencia de todo aquello que no sea un espíritu común por la escritura y los valores de justicia y libertad para todos los hombres en todos los tiempos.
Se pertenecerá con derecho pleno a la AVE por el solo hecho de firmar la adhesión a esta declaración de propósitos no siendo necesario ningún otro requisito.
La Asociación Villamariense de Escritores desea reunir en un espíritu de la mayor libertad a todas las personas habitadas por la pasión de escribir al margen de sus trayectorias y saberes y de su condición social, política y económica.
Constituirse como un espacio crítico de la realidad en todos sus sentidos y manifestaciones en la convicción de que los escritores pueden y deben participar activamente de la vida de la comunidad, el país y el mundo.
Villa María, Pcia de Córdoba, 1 de mayo del año 2008
Alejandro Schmidt
Rucci 183
(5900) Villa María – Córoba
Cel: 0353-154097825
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